Mil maneras de morder el polvo ★★

Miguel Juan Payán Junio 28, 2014

Crítica de la película Mil maneras de morder el polvo

Disparate de Seth MacFarlane divertido a ratos. Peor que Ted y Padre de familia.

¿Es divertida? Pues sí. ¿Te ríes? Pues también. Algunas veces. ¿Está guapa Charlize Theron? Obviamente. ¿Es buen actor Seth MacFarlane? Pues…. Uuuupsss, con eso hemos entrado en el territorio comanche de este proyecto. El primer resbalón del mismo es que Seth MacFarlane no es tan buen actor de carne y hueso como trabajando con su voz en los dibujos animados, o ejerciendo como guionista o creador de gags. Ni mucho menos. Y en esta ocasión además está entre pesos pesados que no le arropan sino que lo dejan en evidencia. Repasemos: Theron, Liam Neeson, Amanda Seyfried, Neil Patrick Harris, Giovanni Ribisi… Por favor, que alguien caritativo saque de la película al pobre MacFarlane, que está sufriendo la criatura.

Bueno, pero ¿te ríes? Que sí, que te ríes, que tiene unos cuantos chistes buenos. Y muchas ovejas. Aunque, claro, se le ha ido algo la pinza con los chistes más simplones, los escatológicos. Me explico: hay un buen chiste de pedos en la taberna. Luego hay muchos más chistes de pedos que no tienen ni puñetera gracia. Y un momento en el duelo con Neil Patrick Harris que es la mejor prueba de que a MacFarlane a veces se le pasa el arroz y le queda la paella churruscada e inservible. Muy eficaz en los chistes cortos y visuales, en este caso se le va la pinza en el gamberreo hacia el territorio infantil, de humor de parvulitos, el caca-culo-pedo-pis, que encaja mal con sus muchos más eficaces chistes de sátira y escarnio social. Hay un momento en que sus chistes de pedos dejan ya de hacer gracia, por cansinos, porque los prolonga en exceso, como si de repente se hubiera convertido en ese amiguete gamberro que no sabe cuándo hay que dejar de hacer el gilipollas. En eso esta película no tiene medida. Exprime algunas situaciones en exceso. No sólo las escatológicas. Por ejemplo le ocurre lo mismo con el chiste de los bigotes, al que incluso le dedica uno de esos números musicales que tan difíciles son de encajar en el ritmo de la comedia. Y le ocurre lo mismo con el metraje. El largometraje el sienta peor al humor de MacFarlane que las dimensiones del capítulo de televisión. La película le sale demasiado larga, tiene un bajón de ritmo cuando se pone romántica con Theron, en el entrenamiento y demás. Desaprovecha sin embargo dos de los personajes más propicios para darle un aire más disparatado y gamberro al asunto desde la sátira social, el amiguete interpretado por Ribisi y su novia prostituta interpretada por Sarah Silverman (el mayor desperdicio de la película).  Para quien esto escribe son los más divertidos y eran el mejor camino para desarrollar la fórmula que seguramente habría sido más jugosa desde el punto humorístico que meterse en el huerto de la peripecia romántica. Esa fórmula está en el título: Mil maneras de morder el polvo… en el oeste. Si MacFarlane se hubiera mantenido en la explotación de esa especie de manual o guía de sátira cínica sobre la mitificación del pasado de los Estados Unidos a través del western que impone en los primeros compases de esta película, repasando esas mil maneras de morder el polvo, es muy posible que le hubiera ido mejor. Habría obtenido mejores resultados que con esta especie de actualización de las claves de la sátira del cine del oeste que ya propusiera hace muchos años, allá por 1974, Mel Brooks, en Sillas de montar calientes.

De manera que sí, te ríes. Sí, hay algunos chistes muy buenos, y unos cameos muy divertidos. Pero a la película se le atraganta el protagonista, el metraje, la historia de amor y los chistes de pedos.

Es el típico fenómeno en el que los actores se deben haber divertido mucho haciendo la película, por ejemplo en la escena de Theron, la flor y Neeson, pero esas risas no consiguen trasladarse al patio de butacas.

Miguel Juan Payán

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