El lobo detrás de la puerta ****

Miguel Juan Payán Julio 14, 2014
El lobo detrás de la puerta, muy recomendable cine criminal al estilo brasileño.

Adaptando un suceso real, secuestro infantil y triángulo sentimental, o para que lo tengamos más claro, cuernos incluidos, esta película hace un recorrido muy sui generis de las claves esenciales del cine negro renovando el género y demostrando que toda estructura genérica gana en el momento en que se amplían sus horizontes convenientemente saliendo de la exclusividad de las propuestas del mundo anglosajón. Además El lobo detrás de la puerta es cine policíaco en clave costumbrista, de manera que a la tradicional base argumental de mujer fatal y terrible que sirve como motor de tribulaciones para el protagonista, añade una estructura de giros argumentales montados sobre la cercanía de lo cotidiano que acerca los claroscuros de las pasiones culpables a la luz del sol de la vida real. Se aleja así del mero ejercicio de repetición de la fórmula, de la visión más previsible de este tipo de tramas que ya conocemos, y juega con una nueva manera de combinar elementos del cine negro y el melodrama. Además hace un buen uso del juego con el tiempo, o mejor dicho, de los distintos tiempos o momentos en que sitúa su narración, sacándoles el máximo partido como motor del buen ritmo que goza toda la película. El flashback es más que un conjunto de pistas de la intriga y contribuye a definir a los personajes y sumirnos en su conflicto, especialmente en el caso del protagonista. Hay por supuesto la previsible manipulación del espectador, pero lejos de ser mero truco contribuye a integrar el inevitable juego de ficción con las claves de realidad de la trama. El resultado es conseguir que estemos totalmente inmersos en el laberinto policíaco, como los propios personajes, atrapados en la jaula de sus malas decisiones, de sus errores, y desesperados por salir de la misma. Destaca también el cambio de registro paisajístico que propone la película, algo que ya hiciera en su momento Tropa de élite, que como ésta parecía inicialmente sujeta las claves de la fórmula, en su caso el cine de acción, pero igualmente esquivaba lo previsible para inventarse un campo de juego diferente y más cercano a las claves del cine de autor. Construye sobre sus actores y por tanto manda el primer plano, pero se recrea rítmicamente en planos largos con aroma de clásico, y se pierde en planos generales si lo considera necesario, dejándose bañar en la luz del sol si hace falta, escapando al convencionalismo de las luces y las sombras que suele presidir visualmente este tipo de propuestas. Especial atención merece Leandra Leal, una antiheroína o fatal mujer, más que mujer fatal, que reescribe las características de ese socorrido icono del género que nos ocupa ajustándolas a su demoledora manera de enfrentar su belleza con la cámara con una mirada de reproche que se extiende más allá de la pantalla derramándose sobre los propios espectadores. Una mirada de estrella que me ha recordado las miradas de las grandes divas del cine negro, pero materializada en algo que se me antoja mucho más cercano.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 18 Agosto 2014 16:43