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Se disfraza de comedia romántica para contarnos algo muy diferente. Y mucho más interesante, la verdad. La clave de Begin Again es que no es la película que todo el mundo podría esperar. Es diferente, refrescante en muchos sentidos, divertida, inteligente… y deja un gran sabor de boca, pero al final también cuentan algunos de sus fallos y, sobre todo, el espíritu que reina en la película, caótico como el disco que graban sus protagonistas. También el aire “hipster” final que tiene la película cuenta, sobre todo si a uno, al final, lo único que le interesa es pasar un buen rato en una sala de cine, sin que le vendan ningún tipo de moto ni zarandajas por el estilo.

John Carney se hizo muy popular como director y guionista de Once, una película con aire musical que tiene en esencia bastante que ver con Begin Again. Aquí la historia nos presenta a un productor musical fracasado, con una terrible relación con su hija y su ex, despedido de su propia empresa y arruinado, que conoce a una joven cantante y compositora que acaba de vivir un terrible desengaño y se siente abandonada en Nueva York. Juntos intentarán producir el más peculiar de los discos, algo que les devolverá al sitio al que pertenecen, un nuevo comienzo, una nueva vida. Que lo logren o no, es harina de otro costal.

Carney aprovecha a sus personajes, sus actores, la música y la ciudad para componer un fresco divertido y genial por momentos, centrado en gente rota, que tiene el futuro perdido delante de sus ojos, al borde del precipicio. Mark Ruffalo y Keira Knightley están perfectos en sus papeles, lo mismo que el resto del reparto para convencernos y hacernos creer en una historia que tiene mucho de cuento de hadas (cómo graban el disco, dónde y por qué…), y que se disfraza de cuento romántico para hablarnos de un par de perdedores que se aferran a la vida. Esa es otra de sus grandes claves. La historia romántica nunca tira por el camino tópico o predecible y siempre que parece que se van a poner babas, cambia de registro y tira por otro camino.

Pero esa virtud también le resta méritos. Junto a la increíble banda sonora y al gran uso de la ciudad que hace el director, la película es caótica en su narración y guión. Comienza como una historia entre padres e hijas, cambia a comedia romántica, luego a la historia de un desengaño contado como un flashback, luego de vuelta a la hija… y así, va dando saltos sin tener nunca claro qué historia quiere contar. Dejando personajes olvidados, sin saber quién es su protagonista realmente… Como un monstruo de Frankenstein hecho de retales. Y eso le pesa a la película, que, pese al gran sabor de boca que deja, termina siendo imperfecta. Con todo sigue siendo una película muy recomendable, divertida, humana y cercana. Pero con cierto aire “hipster” (ojo al final en los créditos, o a cómo tratan a Adam Levine). Merece la pena.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

Modificado por última vez en Viernes, 05 Septiembre 2014 09:46
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