El hombre más buscado ****

Miguel Juan Payán Septiembre 08, 2014
El hombre más buscado: cine de suspense de gran calidad con un excelente reparto.

El fallecimiento de Philip Seymour Hoffman hará seguramente que todas las miradas se centren en él en este su último trabajo antes de morir, y lo cierto es que el actor está enorme en este papel de espía al estilo de John LeCarré que le viene como anillo al dedo y le permite mostrar su talento como actor capaz de sacarle momentos inimitables e inolvidables a algo tan sencillo como fumar un cigarrillo o mirar un monitor. Confirmo por tanto que su trabajo como Günther Bachmann, el jefe de un grupo especial de espías al que da vida en este largometraje es uno de sus mejores trabajos en una carrera brillante, y que sólo por su contribución a esta película ya merece la pena rascarse el bolsillo y acercarse al cine, sacar la entrada, sentarse en la butaca y disfrutar de un auténtico recital de interpretación, una escuela para actores resumida en la construcción de este papel que pasa a convertirse en una de las mejores recreaciones cinematográficas de los atribulados personajes de John Le Carré. Dicho queda. Pero esto, conociendo el talento de Hoffman, era totalmente previsible. Estaba asumido que le sacaría auténtico lustre a esta oportunidad de interpretar a esa especie de visión verosímil, oscura, incluso siniestra, pero sobre humana de las gentes que se dedican al espionaje. Gentes que, como suele ocurrir en las fábulas de LeCarré, son sobre todo perdedores y están en las antípodas de los héroes de acción que suele proponernos el cine, muy lejos de 007 y sus emuladores, copias y clones. Perdedores emocionales, fundamentalmente.

Pero establecido el importante papel que tiene como protagonista Philip Seymour Hoffman en esta película, hay que aclarar que ésta no es en absoluto un monólogo. Junto al talento de este actor, el talento del director para manejar con notable solvencia tanto el ritmo como el tono visual de la fábula es igualmente destacable. Anton Corbijn, forjado como director en el mundo del vídeoclip musical, confirma su trayectoria interesante y ascendente tras las cámaras que ya apuntaba en Control, su biografía del cantante del grupo Joy Division, Ian Curtis, y mejora notablemente a mi parecer los resultados de su trabajo anterior, El americano, que no estaba mal, pero queda por debajo de El hombre más buscado. Parte de esa mejora se la debe, todo hay que decirlo, a otro aspecto que quiero destacar en esta película: un grupo de actores que acompañan a Philip Seymour Hoffman pero a los que el planteamiento visual de Anton Corbijn tanto como su participación argumental otorgan señalados momentos de protagonismo en una propuesta que sin restar el liderado a su protagonista juega hábilmente con el concepto de protagonismo coral. Willem Dafoe en su papel de banquero compone una de sus mejores interpretaciones de los últimos años. Lo mismo ocurre con Rachel McAdams, que además de ser una de las mujeres que mejor viste unos pantalones vaqueros en el cine actual y con seguridad una de las féminas más bellas que puede verse actualmente en la pantalla grande o pequeña, vuelve a demostrar aquí que es mucho más que una cara guapa y más allá de la lotería de los rasgos agraciados sabe hacer valer un talento innato para enamorar a la cámara con su trabajo. Tiene esta mujer algo de las clásicas estrellas del viejo Hollywood, pero  con unas dosis de talento que le permiten situarse más cerca del espectador en una clave difícil de imaginar en las féminas del cine de intriga de antaño. Y es esa mezclad de lo cercano cruzado con lo inalcanzable una de sus mejores bazas como actriz. Y luego además está Robin Wright. Una Robin Wright morena que compone el papel más inquietante de la película y certifica la excelente racha de grandes trabajos que nos viene proponiendo en los últimos tiempos si añadimos a la colección la serie House of Cards y el largometraje de ciencia ficción y animación El Congreso, del que ya publiqué crítica en esta misma página hace dos semanas. Detalle a tener en cuenta que permite valorar el talento de Wright como todoterreno es que para esta película compone una clave de amenaza totalmente diferente y con matices distintos a su inquietante papel en House of Cards. Menos protagónicos pero igualmente decisivos en los minutos de metraje que les dejan, tenemos a Grigory Dobrygin como el hombre buscado que da título a la película, que compone uno de los personajes-víctima más emotivos de los que recuerdo en el cine de espías, y Nina Hoss. Lamentablemente Daniel Brühl no pasa de ser un "cameo" inexplicable al que no le sacan todo el jugo debido. Quizá lo veamos más en los extras, pero lo dudo. Es el desperdicio de este actor lo más negativo de la película.

En todo caso, a observar la manera en la que el director pinta su fresco cinematográfico sobre el espionaje con sutiles pinceladas, miradas y gestos que hacen de esta película una auténtica lección de cine de intriga de primera calidad, que es mucho más que "la última o penúltima película de Philip Seymour Hoffman".

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Miércoles, 01 Octubre 2014 12:52