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La buena mentira ***

Miguel Juan Payán Septiembre 30, 2014
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La buena mentira. Sobredosis de humanismo y buenos sentimientos en un drama algo previsible.

Reconozco que los primeros cuarenta minutos de película se han ganado mi atención con esa odisea de supervivencia de los niños atravesando kilómetros de territorio en guerra a base de caminatas peligrosas y agotadoras. Es esa forja de la historia la que más me ha llamado la atención de la película. Luego, con la llegada a Estados Unidos y esa imagen tan edulcorada de la sociedad norteamericana como acogedora patria adoptiva para los protagonistas, con esos momentos de ingenuidad de estos que me resulta difícil entender, principalmente porque creo que está algo exagerada, y con ese buenrrollismo general que impregna todas las imágenes, con el tema del cáncer en la familia de uno de los personajes principales claramente metido con calzador y buscando la lágrima fácil, me ha parecido que el asunto se inclinaba en demasía hacia lo sensiblero, sin tirar de mayores dosis de crítica, sátira y cinismo que sin duda le habrían venido muy bien a esta fábula amable sobre la acogida de los niños de la guerra de Sudán. Lo que ocurre es que es una película entretenida, que mantiene el interés por ver qué demonios va a ocurrir con esta pobre gente en el mundo occidental, pero merecería la pena que el director hubiera tirado de un humor menos blanco y simplón y nos hubiera dado una visión menos acomodada, previsible y de postal, porque creo que el tema y los protagonistas de la historia se lo merecen. Se merecen el respeto a ser tratados como algo más que una “buena obra” de los Estados Unidos o el mundo desarrollado frente a ese tercer mundo maltratado y sus desgraciados habitantes. Nada que objetar a la emotividad y la simpatía que se ganan en el espectador los mismos, pero en una historia tan amarga algo más de humor para poner distancia entre el espectador y la película y obligarle a pensar y hacer una relectura del relato más allá de sus más obvios recursos como melodrama próximo al espíritu de Frank Capra habría sido muy de agradecer.

Digamos por tanto que lo que mejor funciona de la película, y lo más interesante es sin duda lo que ocurre en África en cualquiera de las distintas fases del relato, ya sea en su principio, en su parte media o en el periplo del protagonista camino de su desenlace. Por el contrario todo lo que ocurre en Estados Unidos da una visión tan optimista, buenrrollista y bienpensante, y abunda en una imagen tan positivista y maquillada por el camino de la edulcoración de la sociedad norteamericana, que yo al menos no me la creo.

La película tiene no obstante cosas muy válidas e interesantes. Por ejemplo es muy útil para llevarnos a reparar en el abismo de actitudes y posesiones que nos separan de los maltratados habitantes del continente más maltratado del planeta, esa África que sigue pagando los platos rotos de una política colonial salvaje y caprichosa por parte de las potencias occidentales que han hecho de esa zona geográfica uno de los juguetes rotos de nuestra civilización.

Pero, como digo, algo más de mala leche, algo más de cinismo y algo más de crítica le vendría bien al largometraje.

En todo caso, tiene momentos emotivos, habrá quien incluso encuentre motivo para soltar la lagrimita.

Eso sí, lo que no entiendo es el protagonismo de Reese Whiterspoon en el cartel, que no responde a su verdadero papel como personaje secundaria en la película.

Miguel Juan Payán  

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©accioncine

Modificado por última vez en Lunes, 27 Octubre 2014 12:24

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