Mi vida ahora ***

Miguel Juan Payán Octubre 03, 2014
Recomendable cruce entre el tono del cine independiente y los temas del cine comercial.

El director de El último rey de Escocia sigue jugando a medio camino entre lo previsible y lo imprevisto, acercándose a las fronteras temáticas del cine comercial pero con el camuflaje del cine de autor, como un guía empeñado en ofrecernos un recorrido por paisajes cinematográficos que pueden ser explotados comercialmente como pretexto para el espectáculo visual pero de los que Kevin Macdonald demuestra una vez más que se sacan resultados mucho más interesantes jugando la partida con la baraja del relato intimista basado en los actores. En esta ocasión nos propone un relato postapocalíptico que resulta tanto más eficaz cuanto que es perfectamente verosímil e incluso muy posible a poco que se den una serie de condiciones mínimas para que nuestro mundo cambie radicalmente en un breve espacio de tiempo y las cosas dejen de ser tal y como las conocemos. Lo que nos plantea Mi vida ahora es lo erróneo que resulta darlo todo por supuesto sin reparar en la fragilidad de nuestro modo de vida y en lo cerca que está nuestra civilización de la barbarie.

Ese camino lleva al director por un camino que estéticamente recuerda 28 días después y trabaja como una especie de prólogo al futuro que nos mostraba Hijos de los hombres, pero narrativamente está más cerca de Mañana, cuando la guerra empiece, aunque también tengo la tentación de definir Mi vida ahora como una especie de variante independiente y pacifista de la mucho más belicosa Amanecer rojo.

El ejercicio recae fundamentalmente sobre las espaldas de Saoirse Ronan, actriz que demuestra tener suficientes recursos para sacarlo adelante prácticamente como un monólogo, aunque la acompañen en la aventura otros personajes. Su paseo por las ruinas es tanto más inquietante por cuanto la película habla un lenguaje cercano, partiendo de lo cotidiano para meternos de lleno en lo excepcional. Esta especie de cuento siniestro sobre un puñado de adolescentes cuyas vidas más o menos corrientes son engullidas por el huracán de la historia aplica un lenguaje ajeno al de las rimbombantes y estentóreas odiseas de supervivencia “made in Hollywood” y por el contrario se asienta en la descripción del día a día, estableciendo así una mirada desprovista de todo intento mitificador de los personajes, que son en todo momento víctimas y están totalmente desprovistos de los adornos de los héroes y los antihéroes. Más bien son juguetes rotos de un mundo que se desmorona y retrocede socialmente hacia el caos.

El tercer acto y el desenlace es la parte más floja de toda la propuesta,  inferior al primer y al segundo acto, en los que el guión consigue aportar novedades en todo momento creando una inquietud en el espectador basada en la total imprevisibilidad de los acontecimientos. Por el contrario el tercer acto parece un cuello de botella, un embudo que deja poco margen a lo sorprendente, y aunque no cae del todo en la trampa del final feliz, da una resolución en exceso acomodada y optimista a las tribulaciones de los personajes que creo perjudica el buen trabajo del arranque y desarrollo de la trama.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 03 Noviembre 2014 16:48