Caminando entre las tumbas ★★★★

Crítica de la película Caminando entre las tumbas.

Devuelve calidad y madurez al cine de intriga con un gran Liam Neeson.

El papel de Matt Scudder, detective creado por Lawrence Block para sus muy recomendables novelas policíacas, le sienta como un guante a Liam Neeson en esta adaptación de una forma de entender el relato policial que está lamentablemente muy perdida en el relato actual y algunos espectadores, incluidos algunos críticos, no saben apreciar en toda su grandeza. Tristemente ha acabado con este tipo de relato más elaborado, maduro y coherente el onanista cine blockbuster, de explotación rápida y consumo precipitado, acumulación de imágenes de acción trepidante que muchas veces no conducen a ningún sitio. Lo he dicho alguna vez en estas críticas y lo repito incansablemente en mis pases: la acción en sí misma puede ser divertida, pero no es interesante, lo interesante es lo que ocurre antes y después de esa acción. Devoramos secuencias de acción con la impaciencia nerviosa de un infante ansioso y nuestra sociedad se zambulle cada vez más en un disfrute totalmente fortuito e intrascendente de imágenes trepidantes que pretenden responder a la epidemia de déficit de atención que caracteriza al público de nuestros días.

Todo lo anterior responde a algunos comentarios que he escuchado al salir del pase de prensa y que me han hecho pensar que algunos colegas estaba esperando ver algo así como otra entrega o secuela no declarada de Venganza, película por otra parte muy divertida porque ver a Liam Neeson haciendo lo que hacen Steven Seagal o Jason Statham, esto es, repartiendo leña, pero con más poderío como actor, es realmente muy satisfactorio. Y totalmente recomendable, ojo, en plan epidérmico, eso sí. Quiero decir que Caminando entre las tumbas no es, no pretende ser y, es más, no debe ser bajo ningún concepto, una variante de Venganza.

Lo que nos propone Caminando entre las tumbas es una clave de cine policial totalmente distinta y para mi gusto más interesante. Imagino que los lectores de novela criminal me entenderán mejor si ven la película. Para empezar creo que es un traslado perfecto del alma de las historias de Matt Scudder al cine. Sin duda mejor que lo que hizo Hal Ashby en Ocho millones de maneras de morir, película que me gusta a título personal, principalmente porque el trío formado por Jeff Bridges, Andy García y Rosanna Arquette defiende muy bien el fuerte, aunque la cosa no tenga mucho que ver con las novelas ni el personaje original ni se muestre especialmente respetuoso con el mismo.  Caminando entre las tumbas me recuerda además todo ese gran cine de intriga detectivesca de finales de los sesenta y primeros años setenta que resucitó las claves del cine negro en su variante hard boiled poniéndolas al día en algunas notables adaptaciones de detectives clásicos de la novela, títulos como Harper, detective privado y Con el agua al cuello, protagonizadas por Paul Newman, la imprescindible La noche se mueve, dirigida por Arthur Penn y protagonizada por Gene Hackman, La conversación, de Francis Coppola, interpretada también por el gran Hackman, Un largo adiós, con la que Robert Altman y Elliott Gould dieron al cine una de las mejores adaptaciones/actualizaciones del detective esencial y modelo para muchos otros iconos de la novela detectivesca, Phillip Marlowe, o dos  sensacionales trabajos de Donald Sutherland, Klute, de Alan J. Pakula y Laberinto Mortal, de Claude Chabrol, filmada en 1978 y que bien podría ser el broche de oro para cerrar esa colección de títulos esenciales en la recreación del detective literario trasladado al cine.

Teniendo presentes estos referentes resulta más fácil entender por qué Caminando entre las tumbas me parece una buena película policíaca con el aroma de esos clásicos imprescindibles de los setenta, una época en la que todavía se podía contar con que el espectador disfrutara de un ritmo más pausado y casi poético de los acontecimientos que se van sucediendo en la pantalla, participando más de la reflexión del personaje central que de su juego de búsqueda de pistas, porque la buena novela y el buen cine negro, como sabe cualquier aficionado a esta forma de entender el relato policial, es ante todo un ejercicio de reflexión casi filosófica sobre la vida y la gente, más que un sudoku o un crucigrama para saber quién es el asesino. Por eso es personaje del niño, que  ha despistado a algunos críticos que lo confunden con un prescindible subrayado emocional en Caminando entre las tumbas, es por el contrario una pieza esencial para definir y mantener finalmente en pie y equilibrado el personaje de Neeson. Es la materialización de la inocencia perdida de Scudder, y salvando todas las distancias que ustedes quieran, está cumpliendo en este relato la misma función de conciencia moral que cumpliera el personaje de Martin (Jeffrey Hunter) frente al personaje de Ethan (John Wayne), en Centauros del desierto.

Dosificando cuidadosamente la violencia, sacando el máximo partido a la imponente figura de Neeson como actor completo y todo terreno al estilo clásico (es del tipo de actor que llena la pantalla, el personaje y la trama sólo con asomarse al plano y decir: “buenos días”, así que disfrútenlo, porque no nos quedan muchos de esos hoy en día), y trabajando una propuesta visual que sabe cómo tratar con las claves del relato negro sin caer en el tópico (las primeras imágenes con la chica en la cama y la canción meliflua nos remiten son una especie de versión siniestra de algunas propuestas de Agnés Varda y Chabrol para la Nouvelle Vague y sienta las bases del subtexto inquietante que define a los antagonistas de esta pesquisa), Caminando entre las tumbas devuelve calidad perdida al cine policíaco de nuestras vidas, aunque no siembre de balazos, persecuciones y patadas en la boca cada centímetro de sus planos.

Notable ejercicio de trato con el género maduro y eficaz y buena traducción del alma de la novela policíaca al cine.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 18 Enero 2019 21:56
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