El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos ****

16 Dic 2014
El Hobbit la batalla de los cinco ejércitos. La mejor de las tres y tan buena como la tercera de los anillos.

Le han hecho falta seis películas, pero finalmente Peter Jackson le ha pillado el punto a esto de la Tierra Media de Tolkien en esta tercera entrega. La clave está posiblemente en que se ha decidido a darle protagonismo a los enanos, a través de Thorin, que acertadamente se revela aquí como el legítimo protagonista de esta trilogía junto con Bardo, que ocupa el protagonismo en el espectacular prólogo del ataque del dragón.

Lo que menos me ha convencido son las acrobacias de dibujo animado con alma de videojuego de Legolas, cuya resolución visualmente poco convincente afecta también al ataque de los enanos con los carneros contra la torre de Azog. Pero en general la película es de lo mejor que ha hecho Jackson.

Era previsible que el desenlace de la trilogía de El Hobbit iba a conseguir emular a la trilogía de El señor de los anillos y además sería la mejor película de esta nueva trilogía, pero la confirmación de dicha previsión o sospecha no es por ello menos grata para quien esto escribe. He de reconocer que lo he pasado como un niño viendo esta película, aunque no soy ni mucho menos un incondicional del cine de Peter Jackson. Más bien todo lo contrario. En general su manera de contar no me convence, la encuentro innecesariamente verborreica en sus guiones, carente de ritmo en su manera de narrar y montar, excesiva y recargada en lo visual con movimientos de cámara innecesarios y demasiados planos aéreos que me sacan de sus películas, renunciando voluntariamente a las claves cinematográficas para adoptar los recursos más superficiales y menos interesantes del videojuego... Para hacer una critica más completa de esta tercera entrega he vuelto a ver la primera y la segunda y he confirmado que me sigue gustando más la primera, a poder ser ser sin canciones, y que la segunda después de la fuga de la ciudad de los elfos pierde fuelle y ritmo y a pesar del encuentro con Smaug, donde por cierto vuelve la verborrea, vamos que hablan demasiado, se me cae en todo su tercer acto. Pero sobre todo te confirmado mis opiniones sobre el cine de Peter Jackson y sigue sin convencerme en el segundo visionado de esas no obstante muy espectaculares y taquillera películas. Sin embargo me saco el sombrero y le hago incluso una reverencia después de ver y disfrutar El Hobbit la batalla de los cinco ejércitos, que no me importa volver a ver. Tan trepidante en todo su metraje como los mejores momentos de las dos primeras y con una batalla que bate varios récords, y no sólo por lo referido a su duración, sino porque como mínimo iguala e incluso en algunos momentos supera los mejores momentos de la trilogía de El señor de los anillos. Lo que despliega Jackson en esa batalla final viene a ser una especie de variante de Black Hawk derribado, la película de Ridley Scott, pero en la Tierra Media. O al menos eso parece en algunos momentos. No es un mal referente, aunque sigo creyendo que a Jackson le vendría muy bien darse un repaso a cómo vieron, sintieron y narraron la épica directores como David Lean en Lawrence de Arabia, Stanley Kubrick en Espartaco, William Wyler en Ben Hur, John Ford en Centauros del desierto, John Huston en El hombre que pudo reinar, Cy Endfield en Zulu o Anthony Mann en El Cid. Si además repasara Excalibur, de John Boorman, no me cabe la menor duda de que podría reducir la distancia que sigue separando a sus visitas a la Tierra Media y su paseo por la Isla del Cráneo de King Kong de las obras maestras de la épica cinematográfica. Pero que no tengo problema alguno en reconocerle es que en este tercer largometraje de El Hobbit se ha superado y además resuelve con notable brío y pericia esa especie de reto que a modo de pulso con el ritmo y el tiempo es la dirección y el montaje de esa batalla final.

No obstante en algún momento de esta especie de monumento al cine de evasión y los estilemas de la era del blockbuster que es esta trepidante y retumbante película, Jackson no puede evitar caer en algunas de las trampas que han marcado esta trilogía, y así tropieza con esa subtrama de romance que ya había metido con calzador para adornar y alargar innecesariamente el invento (y que no estaba, como algunos otros pegotes incorporados a las películas, en la novela original de Tolkien). Tampoco consigue que encajen demasiado bien en el conjunto del caos desatado las pinceladas de humor, lo cual resulta algo chocante teniendo en cuenta lo mucho y bien que nos hizo reír con sus primeras películas, por ejemplo la titulada Tu madre se ha comido a mi perro. La explicación me temo que radica en lo mismo que hace que algunos momentos de sus dos trilogías sobre las obras de Tolkien resulten tan acartonados: Jackson se siente intimidado por los originales, y eso le priva del tono desinhibido y tirando a felizmente gamberro que marcó sus primeros trabajos. La envergadura de superproducción que tienen estas otra películas tampoco ayuda precisamente a que el hombre se sienta relajado. Es comprensible, lo cual no impide que personalmente me moleste ese tono falsamente shakesperiano que gasta el amigo Jackson en algunos pasajes de ésta y otras de sus películas, una especie de falso trascendentalismo especialmente impostado y molesto en el caso de los elfos. Afortunadamente eso no afecta casia los enanos y Martín Freeman se ya ocupado de darle una humanidad más flexible, cercana y divertida a Bilbo de la que nunca tuviera el señor Frodo en la película anterior. Precisamente una de las cosas que más me ha gustado de esta tercera película es la evolución del personaje de Thorin Escudo de Roble, que aporta el toque más épico al conjunto.

A modo de conclusión final, ahora que acaba la saga, ver esta tercera película me ha llevado a recordar algo que estuve leyendo el otro día sobre el deconstruccionismo de Jacques Derrida y su idea de que lo escrito es alterado por lo que se escribe a continuación, una reflexión que plantea interesantes consecuencias para el cine en serie y la fragmentación del relato que practican películas como la que aquí nos ocupa. Las tres películas que integran la adaptación cinematográfica de El Hobbit son muy distintas entre sí, pero cada una de ellas está inevitablemente marcada por las otras dos, para bien y para mal. De ese juego de vínculos creo que la que sale mejor parada es La batalla de los cinco ejércitos, que incluso mantiene muy bien el tipo frente a El señor de los anillos. Pero de esa visión en conjunto lo que se concluye finalmente es algo que también sospechaba, como muchos, pero que he confirmado viendo esta tercera entrega: no se necesitaban tres películas para llevar al cine una novela de 309 páginas, y hay mucha paja en la trilogía. Me inclino a pensar que con dos películas le habría sobrado, y fundir las dos primeras en una me parece un buen camino para llegar a esta tercera entrega, a la que no le sobra casi nada y si me apuran estoy dispuesto incluso a tragarme la historia de Tauriel como homenaje al incuestionable atractivo de Evangeline Lili. Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 29 Diciembre 2014 08:33
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