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Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? ****

Diciembre 18, 2014
Sana comedia francesa para reírse de los clichés y de los racistas. O, como intenta explicar la película, de lo racistas que somos todos, en mayor o menor medida. Sobre todo los hombres, con trifulcas territoriales y personales que dejan boquiabierto al más pintado. Eso es lo que, entre carcajadas continuas, explica esta comedia de situación y enredos que saca lo mejor de un grupo de actores magníficos liderados por el gran Christian Clavier, y de una historia donde la corrección política sale por la ventana durante gran parte del metraje, y además lo hace con sentido del humor, buen gusto y mucha inteligencia, para que nadie se sienta ofendido realmente. O, mejor dicho, para que todos lo hagan. Para que no escape nadie.

Un matrimonio con cuatro hijas, educado, católico, liberal y acomodado, ve como sus cuatro hijas se van casando con hombres de distintas etnias, lo que hará que se tambaleen los cimientos de toda la familia y llevará a las situaciones más estrafalarias. El hombre blanco francés frente a un musulmán, un judío, un chino y un negro… ¿cómo reaccionar? Pues con humor, con mucho humor y mucha mala uva, siempre teniendo claro que nos encontramos ante una película que promueve el buen rollo, la comprensión y el aceptarnos tal y como somos, pero, con todo eso, la película es muy políticamente incorrecta al hacer hincapié en que todos, seamos del color que seamos y vengamos de donde vengamos, somos un poco racistas.

Los ataques no vienen sólo por parte de ese matrimonio, sobre todo el padre, que ve cómo sus hijas no preguntan por el color de la piel o la religión a la hora de escoger a sus maridos, sino por esos yernos que tienen los mismos prejuicios que ellos cuando se sientan a la mesa, lo que lleva a unas cenas familiares de lo más disparatadas. Y cuando aparece el padre del cuarto en discordia, un militar de Costa de Marfil, resulta que es tan xenófobo o más que el resto. Claro, que no hay nada que un buen chuletón no pueda solucionar… Clavier está magnífico y es imposible que, con todos sus defectos, los personajes no terminen siendo simpáticos para el público.

La clave es el sentido del humor, las ganas de acercar posturas, las risas garantizadas con los continuos choques, piques y pullas, que provocan la risa continua de los espectadores y que han convertido a esta película en la más taquillera del año en Francia, Alemania, Suiza y Austria. Por algo será. Algunas escenas están algo alargadas, sí, y en momentos puntuales no es tan divertida, pero durante sus 97 minutos, sobre todo en compañía, nos vamos a reír a gusto con esta peculiar familia, donde los hombres son mucho menos tolerantes que las mujeres, pero en la que todo tiene solución. Basta una misa del gallo en familia (la familia Benetton, como la llaman) para acercar posturas. Al final, aquello que parece separarnos, bien podría ser lo que nos uniese…

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Lunes, 29 Diciembre 2014 08:33