Mr. Turner ****

Diciembre 19, 2014
Mike Leigh se pone en la perspectiva de uno de los mejores paisajistas de la Historia, para mostrar los demonios interiores de un individuo visionario y superlativo.

No se debería contemplar un cuadro de Joseph Mallord William Turner con los ojos del intelectualismo y la tradición, aposentado sobre los catálogos de la docencia de escuadra y cartabón. Las obras del pintor inglés reclaman la comprensión de la naturaleza salvaje, de las acuosas marismas, de las neblinas sensibles e hirientes, y de los vendavales que enrojecen la nariz y agrietan los huesos. A este parapeto de nobles intenciones es al que se ha subido el director Mike Leigh, siempre portando el candil de su cámara para intentar dilucidar las luces y las sombras de uno de los maestros de los pinceles más opacos y escurridizos.

El responsable de Secretos y mentiras despliega su trabajo sobre la consciencia de que Turner no poseía el donaire cortesano de Velázquez, ni el tormentoso arrobamiento contra las injusticias de Goya, ni siquiera la profunda tristeza medioambiental de Van Gogh. La personalidad del autor de La batalla de Trafalgar era volcánica por ADN y por aguerrido comportamiento social, pero su fuego quedaba amortiguado frente al caballete. Realidad que marcó sus relaciones privadas de un cierto mutismo avinagrado, rugiente y nunca fácil de traducir.

El responsable de Secretos y mentiras despliega su trabajo sobre la consciencia de que Turner no poseía el donaire cortesano de Velázquez, ni el tormentoso arrobamiento contra las injusticias de Goya, ni siquiera la profunda tristeza medioambiental de Van Gogh. La personalidad del autor de La batalla de Trafalgar era volcánica por ADN y por aguerrido comportamiento social, pero su fuego quedaba amortiguado frente al caballete. Realidad que marcó sus relaciones privadas de un cierto mutismo avinagrado, rugiente y nunca fácil de traducir.

Con el fin de penetrar en esa coraza, Leigh ha confiado la labor de interpretar al orondo creador a un tipo tan pétreo como Timothy Spall. El ilustre secundario de Sweeney Todd (quien ya había colaborado con ML) es quien lleva literalmente las riendas del filme. El es la brújula que da dirección a la movie, y mantiene el control con decisión a lo largo de veinticinco años que contienen la trama.

Al lado del protagonista, el resto del elenco se deja seducir por la figurada pincelada de Spall, y comparece en escena como si fuera el modelo colectivo de un héroe vulnerable. Un señor capaz de denostar sin miramiento alguno a su esposa, a sus dos hijas y a su nieta; al tiempo que acoge en sus brazos a una viuda desconocida a la que pretende amar.

Sin embargo, la parte cotidiana del personaje es un simple esbozo de espátula en la tela del filme; mientras que en el guion sale mejor parada la dedicada al don del artista que usaba incluso su propia saliva para perfeccionar los lienzos.

El Turner de Spall tiene muchos vasos comunicantes con el Rembrandt que recreó Charles Laughton para Alexander Korda, en 1936. Ambos están poseídos por esa llama incandescente que les hace seres por encima del vulgo anónimo, pero también se presentan ante el público como hombres canibalizados por su virtuosismo visual.

Bajo esas premisas, Timothy diseña una caracterización de asombrosas connotaciones, en constante unidad con el pintor al que dota de vida. Un ejercicio de transmutación voluntaria para el que el británico obtiene la inestimable ayuda de gente como Dick Pope BSC (Director de Fotografía), Jacqueline Durran (Encargada del vestuario) y Christine Blundell (Maquillaje y peluquería).

Jesús Martín

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

Modificado por última vez en Lunes, 29 Diciembre 2014 08:33
Jesús Martín

Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación