Leviatán ***

20 Ene 2015
Contundente y desmoralizadora película sobre los efectos de la traición. Andrey Zvyagintsev narra los estragos de la depresión de una familia, sin lugar para posturas optimistas.

Tras ganar el Globo de Oro a la Mejor Película de Habla No Inglesa y obtener la candidatura en la misma categoría para los Oscar, esta cinta rusa ha comenzado a despertar la atención del público, y eso a pesar de no pertenecer a la categoría del cine de masas.

Leviatán no es una obra fácil de consumir, incluso puede generar un cierto rechazo en los espíritus que buscan actitudes receptivas a la bondad de los individuos. Casi todo es oscuro –salvo por algunas secuencias de humor político- en el filme del responsable de El regreso, y la luz es tan gélida como la historia que esta enfoca.

Rodada en los agrestes paisajes de una zona deprimida hasta en el canto de las ballenas, la movie retrata la desastrada vida de Nikolai: tipo que se enfrenta a un desahucio. Este hombre deposita toda su confianza en Dmitriy, el amigo de la juventud llegado de Moscú con el título de abogado; el cual pretende sacar dinero al mafioso alcalde que quiere hacerse con los terrenos de su colega. Sin embargo, todo se tuerce cuando la esposa de Nikolai (Lilya) tiene una relación sexual con el letrado.

Estos ingredientes confeccionan un guion que evoluciona con ritmo aletargado y marcadamente reflexivo. Un pretexto para prolongar la acción, que le sirve a Zvyagintsev para dibujar la totalidad de las aristas que conforman el relato, con todo lujo de detalles y connotaciones.

Pero, conforme avanza la trama, lo que queda patente es que el realizador de Elena carece de las profundidades psicológicas de Krzysztof Kieslowski, o de los matices subliminales del generoso Aleksandr Sokurov. Leviatán no resiste los análisis en profundidad sobre su esqueleto dramático, y pronto evidencia sus aspectos más criticables.

Dentro de estos brochazos un tanto burdos en medio del hiperrealismo reinante, uno de los elementos que aparece peor hilado es el de la relación adúltera mantenida por Lilya y Dmitryi. Las abundantes elipsis y los mortales silencios con los que el director aborda este frío affaire favorecen a la incomprensión del mismo, ya que no se explica en ningún momento qué ha desencadenado la atracción entre la pareja.

En similar plano de artificiosa elaboración, el personaje del alcalde (el antagonista principal) parece actuar por impulsos violentos, cargados de exageración y escasamente verosímiles. Pese al oficio del genial Roman Madyanov, el papel del político corrupto se percibe -dentro de la trama- bastante diluido, y defectuoso en efectividad. Sensación que no mejora ni con su supuesta implicación en el asesinato de Lilya.

No obstante, e independientemente de estas sombras inherentes al discurso de Leviatán, Andrey Zvyagintsev demuestra un envidiable pulso para ilustrar el tema de la imposible salvación de los oprimidos. Parabienes de talento que engrandecen la decepción ante los errores del creador ruso, y que se concentran en la parte más prosaica de la historia: la que corresponde a los comportamientos humanos.

Jesús Martín

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Modificado por última vez en Martes, 03 Febrero 2015 10:27
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Jesús Martín

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