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Las Ovejas no pierden el Tren ***

Enero 29, 2015
Escondido bajo la comedia, se encuentra un drama muy actual. Y además con uno de los repartos más potentes del año que acaba de comenzar, al menos respecto al cine español. Una película coral encabezada por Inma Cuesta y Raúl Arévalo, pero en la que tienen mucho que decir Candela Peña, Alberto San Juan, Jorge Bosch, Kiti Manver o Irene Escolar. Todos ellos aportan una trama diferente, compleja, divertida y muy humana, que narra perfectamente la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Es tan fácil sentirse representado o identificado por alguna de ellas que a veces asusta. Porque aunque una comedia, que hace reír y sonreír a menudo, a veces la sonrisa se nos queda helada en la boca.

Una pareja se muda a un pequeño pueblo debido a la crisis. Allí tendrá que educar a su hijo, mejorar sus condiciones de vida, intentar tener otro hijo y redescubrir su amor si no quieren perderlo casi todo. A su alrededor el hermano de él (Alberto San Juan) es un maduro divorciado que tiene una relación con una joven veinteañera (Irene Escolar), aunque no sabe a dónde se dirige, mientras la hermana de ella (Candela Peña) es una mujer que se obsesiona por sus parejas demasiado rápido, perdiendo su personalidad. Y los padres, claro. Los de él padeciendo el Alzheimer que condena a uno, la madre de ella intentando descubrir una nueva juventud. Todo ello marcado por la falta de trabajo, los problemas de una sociedad cada vez más incomunicada y poco solidaria, o la falta de amor en sus vidas…

Las Ovejas No pierden el Tren habla de redescubrimientos, de segundas oportunidades, de gente que se pierde para volver a encontrarse, de trenes que se dejan pasar y trenes que se cogen (algo con lo que la película aprovecha para hacer un chiste), y de ovejas, claro. Porque a veces uno descubre su verdadera vocación cuando menos se lo espera y donde menos se lo espera. La química entre Cuesta y Arévalo es sensacional, dando pie a algunos de los mejores momentos de la película, con esa pareja que ha perdido la pasión, el cariño y cada vez discute más. Pero no son los únicos, porque todo el reparto está muy bien.

Álvaro Fernández Armero regresa al cine así con una película esperanzadora, pero al mismo tiempo con un punto de cinismo y amargura, con mucho drama detrás de la comedia, con historias que te dejan con la sonrisa o la risa clavada, porque te das cuenta de que en realidad lo que estás viendo no es cómico, es trágico… Pero no es una película perfecta. Aspira alto y a mitad de camino pierde el rumbo levemente, dejando varias historias abandonadas y olvidadas (la del padre, por ejemplo) y olvidando a ratos ese humor tan especial que la hacen una película perfecta para los tiempos que corren. Perfecta para descubrir que hay gente que nos entiende, entiende nuestros problemas y los comparte. Que no estamos solos en la vorágine de la crisis y que no hay nada mejor que reírse de los problemas para pasar el mal trago. Aunque se le vaya la mano con el drama. Aunque sea imperfecta. Es muy apreciable, divertida y entretenida.

Jesús Usero

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