La señal ★★★

Miguel Juan Payán Febrero 09, 2015

Crítica de la película La señal

La señal. Ciencia ficción, intriga y algo de terror con final espectacular y toque independiente y de serie B.

Cuatro millones de dólares es el presupuesto oficial de esta producción estadounidense que aplica la fórmula del cine independiente a lo que no es sino la recuperación de las claves de serie B del género en el que se inscribe. Empieza como road movie intimista sazonada con paisaje espectacular, gira luego hacia el terror cámara al hombro estilo “bruja de Blair” y finalmente se instala con comodidad y desde la modestia de su inversión en los decorados clínicos en interior de un relato claustrofóbico que recuerda tanto algunos clásicos de la ciencia ficción cinematográfica, estilo La amenaza de Andrómeda, como películas más recientes, coincidiendo en algunos aspectos argumentales con One Point 0, Chronicle, The Machine o Ex Machina.  En su tercer acto vuelve a dar otro giro de tono, sale a exteriores, se trabaja persecuciones y espectáculo visual  de acción… Todo ello puede ser interpretado en positivo como película capaz de sorprender, inquieta e inquietante, que lo es, pero también evidencia una variabilidad de planteamientos y una indefinición de objetivos en su desarrollo argumental y visual que produce una sensación de indefinición y puede despistar a algunos espectadores. Ciertamente la película juega con astucia la capacidad de sorprender, aunque luego se deje llevar por la aplicación fiel de las fórmulas que marcaron el cine de ciencia ficción norteamericano de los años cincuenta, precisamente enfocado sobre los temas de invasión, quintacolumnismo, desconfianza hacia el prójimo, que quedaron definidos en su mejor versión en clásicos como La invasión de los ladrones de cuerpos, La cosa, el enigma de otro mundo, Invasores de Marte o Me casé con un monstruo del espacio exterior. Aquí esos planteamientos están hibridados con un arranque de cine indy. Creo que en su conjunto, y con su final abierto, es una buena propuesta de ciencia ficción e intriga, pero también me parece que en su último giro se pasa de la raya y habría sido mejor que siguiera desarrollando su parte más interesante, que no es otra que la del encierro de los personajes, hasta explotar todas sus posibilidades. En ese territorio por ejemplo saca el máximo partido a la intriga y siembra muy bien un puñado de incógnitas. De hecho es tan eficaz en ese trabajo de planteamiento de incógnitas que cuando finalmente empieza a dar respuestas algo más tópicas y previsibles en su desenlace genera cierta sensación de bajada del ritmo y el interés. El cambio de subgéneros constantes que practica a lo largo de todo su metraje no la beneficia especialmente en esa parte final, quizá porque el giro de retorno hacia el exterior se produce demasiado tarde y estamos ya cómodamente interesados en ese planteamiento de relato claustrofóbico del que hablaba anteriormente. En todo caso, después de ver su desenlace, consigue que ese fleco que deja suspendida la trama en una incógnita aún más grande que todas las que nos ha planteado hasta el momento se convierta en poderoso anzuelo para que nos apetezca conocer cómo prosigue la historia, en un ejercicio de final abierto que nos inocula el virus de la secuelitis.

Miguel Juan Payán

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