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Compleja y fascinante película con un enorme Brendan Gleeson. Con una historia que puede sonar a drama pero que acaba jugando la baza de la comedia negra en torno al personaje central y a quienes le rodean, con un pueblo lleno de personajes tan peculiares como fascinantes, sacados del más puro esperpento y perfectos, por ejemplo, para una película del maestro Berlanga, pero cambiando España por Irlanda. Así que aunque os digan que es un drama, la película mezcla ambos géneros, y nos saca continuamente la sonrisa cómplice, incluso más de una carcajada, a través de algo que quizá no debería hacernos reír en absoluto, pero que lo consigue, gracias también al gran trabajo de su director y guionista John Michael McDonagh, responsable de la también brillante El Irlandés.

Aquí la trama nos lleva a un cura de una pequeña parroquia en Irlanda, con mucha vida a sus espaldas, que de repente recibe durante la confesión dominical, la amenaza de uno de sus feligreses que le asegura que va a matarle para hacer justicia por los abusos que sufrió de niño por parte de otro miembro de la Iglesia. Le da al cura una semana para poner sus asuntos en orden antes de enfrentarse a su destino. Pederastia, venganza, traición, humor negro, personajes memorables… Calvary lo tiene todo para ser una película que ningún cinéfilo debiera perderse, pero corre el riesgo de pasar desapercibida en una cartelera llena de estrenos. Y sería una completa lástima.

La película se asienta sobre los hombros de un actor enorme como es Brendan Gleeson, al que estamos acostumbrados a ver en papeles secundarios pero que lo borda cada vez que tiene un papel protagonista como éste. Sobrio, cínico… soberbio es lo único que se puede decir del actor, que está muy bien acompañado por el reparto, con especial mención para Aidan Gillen y su muy peculiar personaje. El director sabe además aprovechar el paisaje y el terreno, como esa montaña que aparece de fondo vigilante y amenazante. Y les da un guión complejo, intrigante, poderoso, con un final… hay que verlo, porque quizá no es inesperado, pero es simplemente genial.

Hay un par de tramos en los que la película pierde algo de ritmo, sobre todo con la historia de la hija o cuando se pone demasiado contemplativa, pero en general es una maravilla que está muy por encima de la media de lo que podemos ver en nuestras salas de cine, aunque sólo sea por ver la lección interpretativa que da Gleeson, que incluso tiene una escena cara a cara con su hijo en la vida real, Domhall, y que nos recuerda que deberían darle más papeles protagonistas. Parece que McDonagh tiene claro a quién quiere para protagonizar sus historias y se lo agradecemos, pero estaría bien que no fuese el único. Y estaría bien que más directores y guionistas se lanzasen a hacer películas tan potentes y valientes como ésta, que no dejará a nadie indiferente y que nos ofrece algo distinto. Si quieren una película para todos los públicos, quizá ésta no sea la mejor opción.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Viernes, 20 Marzo 2015 12:32
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