Imprimir esta página

Mortdecai ***

Miguel Juan Payán Abril 05, 2015
Valora este artículo
(0 votos)
Comedia de acción que recupera los mejores artificios de Johnny Depp como caricato.

Johnny Depp y la caricatura. Una constante del cine de nuestro tiempo. Pienso siempre que debajo de tanta exageración y sobreactuación hay un actor impresionante. Pero Depp parece empeñado en esquivar toda oportunidad de demostrarlo y persiste en sus composiciones extremas, y hace que muchos espectadores de dejen engañar por las mismas. Incluso dentro de su cada vez más dilatada y arriesgada trayectoria como caricato, Depp tiene alternancia de trazo fino y trazo grueso en sus composiciones. Y unas veces está más vago que otras. Por ejemplo asociado a Tim Burton podemos distinguir perfectamente entre una primera etapa en la que disfruta de esas miradas al abismo de lo excesivo que muestra cuando compone personajes como Eduardo Manostijeras, Ed Wood, el pintoresco detective de Sleepy Hollow e incluso el barbero sangriento Sweeney Todd, y otras en las que parece poner el piloto automático, como ocurre con Willy Wonka en Harry y la fábrica de chocolate, el Sombrerero Loco de Alicia en el país de las maravillas o el que en mi opinión constituye el punto más bajo de su colaboración con Burton hasta el momento, el vampiro Barnabas Collins en Sombras tenebrosas. Pienso que en estas tres ocasiones no se trata tanto de que Depp no haya disfrutado de su ceremonial de travestismo exagerado, sino simplemente que al falta de claridad en propuesta y objetivos que traduce el trabajo de Burton en todas esas películas acaba por afectar de algún modo a su interpretación. Otro tanto podría decirse de sus encarnaciones del capitán Jack Sparrow en la saga Piratas del Caribe, donde Depp brilla especialmente en la primera y luego simplemente se va acomodando a la repetición y las circunstancias de explotación recurrente de la saga. En cuanto a su personaje como el indio Tonto en El llanero solitario, era lo mejor de la película, pero se encontraba sometido a tal caos argumental, genérico y tal confusión de objetivos e intenciones de la película, que acababa repitiéndose (por ejemplo en el chiste con el pájaro muerto), y daba la impresión de que la mayor parte del tiempo le habían dejado a su aire, confiando en que pusiera el piloto automático a la hora de construir la caricatura. Con todo, ya digo: era lo mejor de la película. Frente a todo ese recorrido, tengo claro que Johnny Depp si ha disfrutado y ha puesto lo mejor de su trazo fino como caricaturista en el personaje de Mortdecai. Y cuando él disfruta con esas personificaciones extremas suele producirse esa magia que hace que buena parte de los espectadores disfruten con sus disparates. Por tanto me atrevo a decir que con este largometraje Johnny Depp ha recuperado mi confianza en el territorio del exceso y la caricatura, y de paso aclaro que tal ejercicio no es más fácil ni sencillo que una interpretación contenida y dramática. Muy al contrario. Independientemente del poco premio que suele repartírsele a la comedia, más allá del esencial para el actor, que son las risas del público, no resulta nada fácil arrancarle una sonrisa y mucho menos aún una carcajada al respetable. Siempre será más fácil robarle unas lágrimas que llevarle a ese estado de felicidad efímera pero contundente y sin duda muy saludable que es sonreír o reír a mandíbula batiente. Eso tiene mucho mérito. Lo que nos arranca Depp con Mortdecai, o por lo menos lo que le ha arrancado a quien esto escribe, son unas cuantas sonrisas “made in Depp”. Por otra parte cada vez que escuchaba hablar a Depp en la película no podía evitar acordarme del tono “sofisticado” del gran Bon Scott, el fallecido cantante del grupo AC/DC, interpretando uno de los temas más divertidos de la primera etapa el grupo: Big Balls. Además la película satiriza bien el género de aventuras con guiños clarísimos a iconos como Indiana Jones, sobre todo en ese principio que tanto se asemeja al de Indiana Jones y el templo maldito, o las películas de espionaje (con un Ewan McGregor autoparódico que es el equilibrio perfecto de la composición extrema de Depp trabajando desde la contención). Añade además dos puntos extra a favor con la aportación de Gwyneth Paltrow en clave de sátira de las rubias sofisticadas que habitaban las intrigas de Alfred Hitchcock, especialmente la Grace Kelly de Atrapa a un ladrón (por cierto… ¡qué gran rubia sofisticada se perdió Hitchcock naciendo antes de tiempo!), y con uno de los elementos más divertidos de la película, aunque lamentablemente no del todo aprovechado: el matón leal de Mortdecai al que da vida Paul Bettany (quien pronto va a convertirse en otro icono de la galaxia marvelita interpretando a la Visión en Vengadores: la era de Ultrón, pero del que no debemos olvidar que tiene en su haber trabajos tan notables como Chaucer en Destino de caballero, Tom Edison en Dogville o el doctor Maturin en Master and Commander. Queda claro por lo dicho anteriormente que la verdadera materia prima sobre la que se edifica lo mejor de Mortdecai es el reparto, aunque tengo que aclarar que para mi gusto flojea bastante en lo referido a la parcela de villanos. A la película, tan sólida en su grupo de “antihéroes” pícaros, extremos y adictos a encamarse con el ridículo y la parodia, les falta un antagonista sólido. Pensé que éste iba a ser Jeff Goldblum, pero lamentablemente casi no aparece y queda desperdiciado. Desde el punto de vista de guión, esa falta de antagonista sólido se hace notar especialmente en la parte final de la película, en el momento en que ésta pierde ritmo. Es el factor que más se echa en falta en la segunda mitad de la película. Da la impresión de que patina en su intento por seguir una fórmula de enredo múltiple con numerosos personajes y reparto coral al estilo del cine de Wes Anderson (piensen por ejemplo en El gran hotel Budapest, aunque aviso ya que las comparaciones pueden ser odiosas). Creo que el problema es que Mortdecai quiere ser una de Wes Anderson sin Wes Anderson, y en su parte final olvida servir a su propia naturaleza, que es más la del exceso gamberro y el disparate en una línea en plan Las aventuras de Ford Fairlane o, si me apuran, Fletch el camaleón… aunque su objetivo más legítimo debería haber sido acercarse a las glorias de Un pez llamado Wanda (1988).

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

Modificado por última vez en Martes, 28 Abril 2015 13:07