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Fallido intento de Adam Sandler por ponerse serio. O algo así. Porque lo que queda claro al terminar la película es que nadie tenía claro qué historia quería contar, ni qué género explotar, ni si quería ser una película de Sandler u otra cosa. No se define, no se decanta, y acaba pasando del drama al humor negro, deteniéndose en el cine familiar o la comedia más blanca. Da saltos de un lado a otro y no tiene señas de identidad, ni siquiera las de su protagonista, un Adam Sandler que no recurre ni a chistes escatológicos ni a histrionismos, gritos o bobadas varias tan habituales en su cine. Y se agradece, en serio, pero no es suficiente para hacer una buena película.

La película bien podría llamarse Ponerse en los zapatos de otro, o, visto el resultado final, zapatero a tus zapatos. Disculpen los chistes fáciles, pero se presta a ello esta historia de un zapatero con la vida más gris del planeta, que vive con su madre, que fue abandonado por su padre, y que es incapaz siquiera de pedir una cita a la mujer que le gusta, pero que un día descubre que con una máquina de coser mágica, al ponerse los zapatos de sus clientes, se convierte físicamente en ellos. Y ahí comienza la aventura… O algo así, porque hasta que la historia arranca casi pasan dos tercios de la misma y todavía no sabemos qué quiere contarnos ni de qué va la película, que además está rodada casi como si fuese una serie de televisión, visualmente hablando.

Una película que podía haber sido un cuento de hadas con humor blanco para toda la familia, como demuestra su final, pero no lo es. Empieza más bien como drama gris y sobrio sobre un hombre que tiene la vida aparentemente más aburrida del mundo, con una madre que se olvida de todo y un padre que le abandonó, para pasar a la comedia ligera, dar un salto a la comedia negra (que es donde la película podía haber despegado y haberse convertido en un éxito, en serio) y terminar con el tono de cuento de hadas. Por el camino encontramos al Adam Sandler más comedido, serio y contenido que podamos imaginar, pero sin el guión que sí tenía detrás en Punch Drunk Love.

Dura poco más de una hora y media, pero se hace tediosa a ratos, por lo que le cuesta arrancar. Y son los secundarios los que acaban triunfando, como Steve Buscemi, Method Man o Ellen Barkin, aunque otros como Dustin Hoffman andan más perdidos que un pulpo en un garaje y muy desaprovechados. Si quieren entenderlo mejor, cojan la historia del personaje de Method Man, como empieza, como se desarrolla y cómo termina, y verán a qué me refiero. O la historia dramática de la película que aparece de cuando en cuando pero no terminan de abrazar… Es como un puré… acaba siendo informe y sin consistencia, tenía potencial para ser una cosa curiosa, pero también supone un cambio en el registro habitual, manido y estridente de Sandler. Y tiene ideas realmente interesantes…

Jesús Usero

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©accioncine

Modificado por última vez en Martes, 16 Junio 2015 08:01
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