Nuestro último verano en Escocia ****

Miguel Juan Payán Mayo 23, 2015
Nuestro último verano en Escocia. Comedia y drama bien combinados y servidos con buen reparto.

Ver al mejor Doctor Who de los últimos tiempos, David Tennant, con la mejor “mujer fatal” de los últimos meses, Rosamund “Perdida” Pike, asociados a Billy Connolly, que poco a poco se ha ido situando en esa curiosa posición para un actor de ser un grande interpretando eminentemente papeles de reparto, pero aquí puede finalmente tener su merecida porción de protagonismo interpretando a un personaje cercano y para guardar en la memoria de algunos de los mejores momentos del cine de los últimos meses, son razones más que suficientes para dedicarle a esta comedia dramática. Por  cierto, me repugna la etiqueta “dramedia” porque me suena a camino intermedio para definir la nada, o como cortina de humo para disimular la indefinición absoluta de un producto que no sabe a dónde va ni tiene ganas de averiguarlo, pero si a ustedes les hace gracia o les da cosquillas utilizarla, no se priven.

Además de todo lo anterior, Nuestro último verano en Escocia tiene algo que no resulta fácil ver en el cine: niños ajenos que no se nos atraganten. Normalmente los niños en el cine son una castaña, un lastre melodramático o unos monstruitos resabiados que miran y hablan como adultos e incitan a cometer infanticidio. Sin embargo en esta película han elegido a tres niños que se erigen con total naturalidad en protagonistas de un giro que da la película una vez pasado el ecuador de su metraje y del que no se puede hablar para no hacer spoiler, pero que a mi modo de ver demuestra personalidad sino para sorprender del todo al menos sí para ir por el camino menos previsible y proporcionar uno de los giros genéricos más hábiles que hemos podido ver este año. La hibridación de géneros se completa con una astuta administración de los elementos dramáticos para no caer en la trampa de lo melodramáticamente gratuito, alejándose de la charca maloliente de la manipulación más obvia de las emociones del espectador. Sobriedad, naturalidad y solvencia que evidencia madurez en la propuesta, marcan ese giro y esa segunda parte de esta película que de ese modo se permite además aportar unas cuantas propuestas de reflexión sobre la vida que bien merece apuntar también en la lista de aciertos a este largometraje.

Lo único que le pondría como pega es que no sea un poco más larga, y en esa prolongación de su metraje incluya algunas escenas capaces de sacarle más jugo a los disparates de esa familia algo disfuncional, por no decir mucho, y a esa situación de festejo y caos. Han elegido el camino más sobrio, más costumbrista si se quiere, más creíble para el espectador, y conste que yo tampoco les pido que me monten una entrega de humor berlanguiano estilo Moros y cristianos, pero como criaturilla ibérica que soy, echo de menos que le metan más caña al final con esa crítica a los medios de comunicación tornados en buitres y hocicando hacia el morbo desesperadamente. Creo que ahí había un tema para explotar.

 

Miguel Juan Payán 

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Modificado por última vez en Lunes, 29 Junio 2015 18:06