Dani Rovira vuelve a coincidir con Clara Lago en una película, después del éxito de Ocho apellidos vascos. Aunque, en esta ocasión, el humorista forma pareja con María Valverde. Álex (Dani Rovira) siempre ha estado colado por Eva (María Valverde), desde que ambos coincidieron durante un curso de inglés en Gran Bretaña. A partir de esos momentos de compañerismo estudiantil y charlas inexistentes, los jóvenes comenzaron a salir, hasta llegar a planear su boda. Los dos quieren que la ceremonia se lleve a cabo en el pueblecito de Reino Unido donde se enamoraron, pero los problemas para asistir al bodorrio harán imposible que el acto siga el programa previsto.

 

María Ripoll dirige esta comedia más sentimental que desenfrenada, en la que la eficacia del guion queda enlazada a la empatía que despliega el reparto. La endeblez del libreto anima a que la cineasta apueste claramente por la vis graciosa de sus actores, pero la apuesta no le sale del todo bien.

 

Sin el ánimo adecuado para adentrarse en una historia lo suficientemente alocada o adecuadamente surrealista, la realizadora queda sujeta a la dictadura de unos personajes carentes de contradicciones; los cuales deambulan por la pantalla casi tan perdidos como el matrimonio de Álex y Eva.

Ausente de un entramado humorístico contagioso y envolvente, el filme se acoge a una evolución de la trama más ñoña que otra ácida, en la que los intérpretes se encuentran atados por unos papeles que les impiden crear personalidades atrayentes, más allá del simple chispazo ocasional.

Dentro de semejante esquema, Dani Rovira está como congelado, en la piel del poco elocuente protagonista al que dota de vida; mientras que María Valverde no puede ejercer convenientemente de heroína cómica, debido sobre todo a los escasos tics que presenta la poco dibujada Eva.

Ellos (Rovira y Valverde) son los que más sufren las consecuencias de la falta de diálogos ingeniosos, ya que los secundarios sí se muestran más damnificados por el potencial chistoso ofrecido en Ahora o nunca. Un elenco en el que destacan las caracterizaciones de los padres y de las tías de Álex, y las del progenitor y las amigas de Eva.

Ripoll tampoco saca partido a los choques culturales entre Inglaterra, Holanda y España; y las aventuras que suceden en estos lugares no explican el interés de que la acción transcurra en semejantes países, o en otros distintos. Ni siquiera la peculiar carrera de quesos por una montaña consigue evitar la sensación de indefinición activa.

Tan solo algunas pinceladas sueltas logran elevar la factura del largometraje. Puntadas que se pueden identificar con el instante de la competición en la que Álex se come una cantidad ingente de bollos cocinados con marihuana, el momento en que el futuro novio es bajado a la fuerza de un avión, o los comentarios sin sentido que Yolanda Ramos suelta en el autobús que lleva a los invitados a la tierra del rey Arturo.

Como apunte, atención a la aparición de Melody: la otrora niña cantante del baile de los gorilas colabora en la cinta, como la hermana de Dani Rovira.

Miguel Juan Payán 

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Modificado por última vez en Lunes, 13 Julio 2015 08:21
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Jesús Martín

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