Pixels. La película ***

Miguel Juan Payán Julio 22, 2015
Pixels. La película: divertido e ingenioso entretenimiento veraniego para toda la familia estilo Chris Columbus

La última película firmada por Chris Columbus no puede negar que es hija del director de la saga de Solo en casa y de Señora Doubtfire, y al mismo tiempo es un homenaje a las películas ochenteras que él mismo escribió, Gremlins o Los Goonies principalmente. Construida como una comedia de reivindicación de los friquis, es al mismo tiempo un entretenimiento para todas las edades que funciona sobre la base infalible de la ilógica-lógica de los videojuegos Arcade.  El guión puede parecer sencillo, pero es una máquina infalible para generar en el público esa satisfacción inmediata y sin complejos, absolutamente ingenua y de sonrisa bobalicona que se te queda al salir del cine perfectamente convencido de que has visto una película simplona pero divertida y eficaz como entretenimiento veraniego. Pero además Pixels tiene otros aspectos en los que merece la pena reparar. Uno de ellos es la manera en la que maneja esa especie de lógica-ilógica de los videojuegos Arcade, sobre cuyo espíritu de mero entretenimiento se edifica. Hay varias maniobras del guión y varias escenas que muestran una solidez muy destacable en esta propuesta aparentemente sencilla. Y es ahí donde entra la componente de ingenio. Por ejemplo la elipsis desde la adolescencia de los protagonistas que nos lleva directamente hasta su edad “adulta”, con la conversación sobre las chicas más guapas de cada época. Es un chiste que define totalmente a los personajes principales con un guiño, y sospecho que también nos define al 90 por ciento de los hombres, siempre pensando en lo mismo y con la misma parte de nuestra anatomía. Luego están las peculiares apetencias erótico-festivas del personaje de Peter Dinklage, reflejadas en sus peticiones para participar en la aventura y en ese plano final con las dos candidatas a acompañarle en uno de los salones de la Casa Blanca. Incluso en una de la partes flojas del guión, que es toda la referida al personaje de Ludlow (Josh Gad), el personaje argumentalmente más endeble de los principales, resuelto tirando en exceso del tópico, y cuyo conflicto sentimental con la fémina de las espadas lo limita bastante, el ingenio propicio a las dobles lecturas vuelve a aparecer para subrayar esa inclasificable ambigüedad que acaba por definirlo totalmente en esa sorpresa visual final.

La película tiene muchos tópicos, porque inevitablemente este tipo de producto se asienta sobre los tópicos, y no me entusiasma especialmente que tome prestada la fórmula de Los cazafantasmas y alguna que otra idea de la serie Big Bang, como la de la madre (en este caso la abuela) gritona pero ausente. Además creo que podrían haberse currado algo más los diálogos del personaje de Peter Dinklage, que merece incluso su propioa película como protagonista, pero mejor pertrechado de guión. No obstante esos puntos más flojos, la película consigue escapar de las consecuencias de todo ello aplicando una fórmula de lógica-ilógica muy bien hilvanada. Me explico, intentando no hacer spoiler: si los Estados Unidos han dejado que ese tipo ocupe la presidencia, puedo creerme que Michelle Monaghan repare en la existencia del antenista con uniforme color naranja que interpreta Adam Sandler. Es una lógica tan ilógica como que una civilización extraterrestre esté dispuesta a atacar nuestro planeta con criaturas de los videojuegos Arcade, el absurdo mezclado con el disparate mezclado a su vez con un sueño de redención friqui. Para que esto de la lógica-ilógica quede más claro, les propongo que piensen en los absurdos argumentales que nos proponen películas como Transformers o Independence Day, donde gente normal y corriente deja de ser tan normal y tan corriente a los pocos minutos de comenzar la acción, y acaban metidos, de uno u otro modo, en el epicentro de toda la acción. Todo en ellas es ilógico-ilógico. Mientras que aquí nos saben vender muy bien el rollito entre Monagham y Sandler, por poco creíble que nos parezca (aunque como me sugiere mi hija, que me acompañó al pase de prensa, la cosa habría sido aún menos chocante con una actriz como por ejemplo Drew Barrymore, que además tiene probada química con Sandler y mejores recursos de comedia que Monaghan). ¿Cómo demonios meter a un tipo como el antenista en la Casa Blanca? Pues forzando la suspensión de la credibilidad desde el principio a lo bestia con el inquilino de la Casa Blanca, y si nos tragamos eso, todo lo demás entra sin problemas y bien lubricado.

Así, asentada sobre la lógica-ilógica, la película funciona en todas sus claves menos creíbles, como una eficaz broma en clave de pasatiempo veraniego, donde incluso se esgrimen algunos tópicos, como la incomprensible manera de hablar de los ingleses. Fuerzan desde el principio la mano para facilitar que todo lo demás encaje como fantasía escapista bien concebida para el cine de evasión con buen ritmo y sin complejos ni mayores aspiraciones.

Miguel Juan Payán 

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Modificado por última vez en Martes, 18 Agosto 2015 09:10