Hitman: Agente 47 **

Miguel Juan Payán Septiembre 25, 2015
Acción película que estroboscópica en la que la acción se come todo lo demás.

Lo primero que quiero dejar claro es que el reparto de éste nuevo Hitman me convence más que el de la película anterior. Conste que pienso que los protagonistas de aquella Timothy Olyphant y Olga Kurylenko son gente competente. Pero les veía algo más perdidos en el “universo Hitman” que a los tres protagonistas de esta otra versión, Rupert Friend, Hannah Ware y Zachary Quinto. Por otra parte, narrativamente me ha interesado algo más sobre todo por el personaje de ella, y el protagonismo que le dan, con ese arranque que han tomado prestado de Terminator (aunque luego lo estropeen con un final flojo que agudiza la endeblez y previsibilidad del guión desde que aparece el personaje de Ciarán Hinds. Enésimo desperdicio de un gran actor en papeles muy por debajo de su talento.

Lo segundo que quiero comentar es que después de ver el arranque de la nueva adaptación cinematográfica del videojuego Hitman, con la primera pelea a tiros del protagonista en una escalera, no he podido evitar inventarme una etiqueta que pienso le cuadra a este tipo de cine acción constante con poca narración, diálogos tópicos y flojos, personajes convertidos en puro esquema para suministrar numerosas raciones de bofetadas, patadas, persecuciones y disparos en una pirotécnica muestra de evasión pura y dura sin más aspiraciones ni mayores consecuencias: “cine estroboscópico”. El etiquetado vale tanto para las numerosas y epilépticas peleas del protagonista, en alguna de las cuales apenas alcanzamos a ver la acción completa (por ejemplo en la citada pelea de la escalera, o en el primer intercambio de tortas entre Zachary Quinto y Rupert Friend en el metro), como para la manera en la que se nos muestran las especiales cualidades de percepción aumentada de la realidad que exhibe la co-protagonista femenina, Hannah Ware. Imagino que es una consecuencia de los tiempos que vivimos. El cine de acción y evasión intenta multiplicar y acelerar las imágenes no sólo para satisfacer a una generación de adictos a los videojuegos, que también, sino para sortear el abismo que se está abriendo entre los espectadores y las películas por el serio problema del déficit de atención del público. Eso hace por ejemplo que en la escena de la entrada de la co-protagonista en el invernadero de las orquídeas el director se monte una aparatosa “toma de grúa” trucada con efectos de ordenador para simular el arranque de un plano secuencia que luego corta abruptamente para retomar un montaje más convencional.  Por cierto, si quieren ver algo parecido, pero mejor y con sentido para lo que se cuenta, les recomiendo que reparen en la mejor secuencia, la del campo de fútbol, en El secreto de sus ojos. Esos planos son un reflejo del lenguaje de las propuestas más superficiales del por otra parte interesante lenguaje de los videojuegos, que cada vez se filtra con más frecuencia en el lenguaje del cine y está protagonizando una sibilina y en muchos aspectos más negativa y castrante que enriquecedora invasión de códigos visuales desde un medio a otro. A ese intento de rellenar de caramelos visuales secuencias sin acción en lugar de aprovechar las mismas para establecer una pauta de ritmo más sosegado y reflexivo se debe también el despliegue de diseños visuales atractivos y repletos de colorines en las pantallas de los ordenadores, o la búsqueda de localizaciones urbanitas espectaculares y tuneadas con el ordenador, una de las cuales da lugar a una de las escenas más bobas y prescindibles de la película: la del baño de la chica en la piscina, concebida exclusivamente para lucir el trasero de la co-protagonista en bañador y rematada con un plano cenital de postal urbanita que parece más apropiado para el anuncio de un perfume o un automóvil, pero nos saca totalmente de la película que estamos viendo.

Así que en su conjunto este Hitman tiene algunas cosas que me convencen más que las de la película anterior, y otras que me convencen menos. Así que lo vamos a dejar en un empate.

Lo dicho: “cine estroboscópico”. Puro artificio visual.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 23 Octubre 2015 13:31