Taxi Teherán ****

Miguel Juan Payán Octubre 02, 2015
Taxi Teherán: una mirada diferente al mundo en que vivimos y sus conflictos. Esencial para oxigenarse.

Jafar Panahi nos propone en la ganadora del Oso de Oro en la última edición del Festival de Berlin una visión del cine como herramienta de denuncia y comprensión del mundo que ha sido prohibida en su país, Irán, del mismo modo que le han prohibido a él hacer cine. Quizá aquí nos extrañe que se le pueda prohibir hacer cine a un director, pero lo cierto es que Panahi se la juega no sólo en esta película sino cada vez que intenta proseguir con su filmografía. No obstante sería un error juzgar Taxi Teherán pensando sólo en eso. Es más: creo conveniente intentar olvidar esa circunstancia que vive su director para que no empañe los verdaderos  méritos de este largometraje, que los tiene, y muchos. Para empezar al lector le aclaro que este es uno de esos largometrajes de calidad que no se ajusta a lo comercial, pero no por ello deja de propiciar un momento de evasión del espectador a través de meternos de cabeza en lo que ocurre en la pantalla. Taxi Teherán está lejos de ser un panfleto leído desde el púlpito de la corrección política, la reivindicación de determinados valores o el discurseo comeoreja de cierto cine “socialmente comprometido”. Nada de eso.  Tampoco exige del espectador nada que no le pida cualquier título de evasión estadounidense, porque, y ese creo que es el primer acierto de la película: Panahi consigue meternos de cabeza en ese taxi que oficia como protagonista esencial de su historia como si fuéramos un pasajero más del mismo. Lo cual que su propuesta es, ante todo, entretenida. Estamos así plenamente en el centro de ese debate fascinante y prolongado que viven sus personajes, tocados por la pincelada del documental que los adorna y que el director ha conseguido convertir en un medio para hacernos aún más partícipes de lo que nos cuenta. Manejados con singular inteligencia y pericia cinematográfica por Panahi, esos tertulianos que se convierten de inmediato en nuestros contertulios, acaban oficiando como el mejor ejemplo para demostrar que la gente siempre acaba estando por delante del sistema en el que habita, por estricto, despótico o dictador que sea dicho sistema. Es así como Panahi instala una nota de optimismo en su película, por encima de todas las circunstancias. Y lo hace además desde una sencillez que desarma y que nos hace aún más cercana su propuesta. La película tiene además ese toque magistral del gran cine que lo es por ser capaz de desdoblarse en herramienta de reflexión para el espectador. El momento de la víctima del accidente de moto haciendo su testamento mirando a la cámara, la mujeres con los peces en la bolsa, el trapicheo con los DVD piratas (… Ki Duk, el coreano… un viejo Kurosawa…), y la niña que nos acompaña en una parte del viaje como un lejano eco de la presencia de la inocencia infantil en el cine neorrealista italiano, que nos recuerdan muchos momentos de Taxi Teherán, son algunos de los puntos fuertes de esta carrera en la que el espectador es el copiloto de uno de los directores más interesantes, capaces y por añadidura esforzados, incluso temerariamente esforzados, de nuestros días.

Resumiendo: hay que elogiar el valor de Panahi como cineasta, pero sin olvidar su enorme talento como cineasta, más allá de las lamentables circunstancias en las que se ve obligado a trabajar.

Un balón de oxígeno de cine puro.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Miércoles, 28 Octubre 2015 11:09