Dope ****

Miguel Juan Payán Diciembre 06, 2015
Dope, recomendable aventura policíaco-urbanita juvenil desde el punto de vista del gueto.

Dope le da la vuelta a la tortilla racial y social en el cine estadounidense y nos cuenta una aventura juvenil de iniciación con adolescentes paseando en bicicleta en pleno viaje a la madurez que puede tener la armadura exterior de unos Goonies modernillos pero es sobradamente inteligente para pillar de ese modelo sólo la fórmula argumental y la capa más externa del asunto, rellenándola con unos referentes sociales y unos antecedentes culturales mucho más interesantes. El director, Rick Famuyiwa, al que conviene seguirle la pista, nos propone varias pistas que dejan muy claras sus intenciones casi desde el principio de la película merced a varias claves. Primera pista: esa cinta de vídeo que le manda el padre ausente a este protagonista que en el exterior –y con ese padre ausente tan significativo- puede parecer en principio una criatura de Spielberg, pero en el fondo es más una actualización de los personajes que se pasean por la filmografía de Spike Lee, mezclado con el cine de John Singleton cuando éste dirigía películas como Los chicos del barrio, Justicia poética o Baby Boy. De hecho, en muchos momentos Los chicos del barrio. Por otra parte, no en vano los protagonistas están enganchados a la mitificación de los noventa, que es la década de esos títulos de Singleton, y no tanto a la de los ochenta, que sería la del cine de Spike Lee más próximo a Dope, Nola Darling, Aulas turbulentas, Haz lo que debas, Cuanto más, ¡mejor! Podríamos decir que Dope es nieta del cine ochentero de Spike Lee e hija del cine noventero John Singleton.

Aclarado ese referente cinéfilo más inmediato tengo que compartir con ustedes mi sospecha de que por las saludables venas argumentales de Dope corre también el flujo de influencia de otro cruce de referentes que viene de la literatura, y en su ADN detecto ciertos rasgos de las novelas policíacas de un maestro de este tipo de literatura que los lectores de este texto harían bien en visitar, Chester Himes, que a través de las peripecias urbanitas de dos policías de Harlem, Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones, en novelas como El gran sueño de oro, Todos muertos, Por amor a Imabelle, Un ciego con una pistola… abandonó las fábulas de la novela negra blanca para zambullirse en el gueto hasta las trancas y sacar al lector de la fabulación para meterlo de lleno en un paseo por la realidad que le tomaba el pulso a la convulsa y confusa sociedad estadounidense de los años sesenta. Traigo a colación este antecedente literario porque curiosamente parece que muchos de los problemas que servían como cemento del gueto en aquellos momentos siguen estando plenamente presentes en la actualidad en la sociedad norteamericana que nos describe Dope. Lo cual me lleva a otro eco que brilla positivamente en Dope, que en algunos momentos, como el diálogo del colgado blanco con los tres protagonistas sobre si puede utilizar o no el término “negro” me han recordado mucho a la serie de televisión The Wire.

Si he citado todos estos referentes, influencias, ecos, es para dejar bien clara la verdadera identidad y el pedigrí de esta película que es una de las más interesantes que he podido ver este año y junto a su capacidad para funcionar eficazmente como trepidante aventura adolescente salpicada con momentos de humor tiene una segunda lectura muy interesante que queda puesta de manifiesto sobre todo en su conclusión final, con el protagonistas mirando a cámara y planteándonos la pregunta clave de todo lo que hemos visto hasta ese momento.

Creo que en Dope hay sobrados elementos que la convierten en una de las películas que merece la pena ver en este tramo final del año.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 21 Diciembre 2015 17:40