Joy ***

Miguel Juan Payán Enero 05, 2016
Joy. David O. Russell vuelve a mostrar su talento en la mezcla de comedia costumbrista con toque dramático.

Aunque por definición no me convence ese híbrido que se ha dado en llamar “dramedia”, lo cierto es que David O. Russell ha conseguido con sus trabajos en The Fighter, El lado bueno de las cosas y La gran estafa americana reivindicar ese cruce de géneros tan forzado en principio, sacándolo del territorio del telefilme en el que anida con más frecuencia para darle un giro interesante en el cine. Joy es una muestra más de esa habilidad del director para tratar con esa hibridación y de paso es una buena muestra de las claves que utiliza para desplazarse por la comedia y el drama. La principal pieza son una vez más los actores. Puede parecer obvio esto que voy a escribir ahora, pero lo cierto es que si sacamos de la ecuación de David O. Russell a los actores, y más claramente a sus actores-fetiche, es decir, Jennifer Lawrence y Bradley Cooper, los resultados aflojarían bastante. Pero conviene no olvidar que este dúo funciona mucho mejor en manos de este director que cuando David O. Russell no está implicado en el asunto. Basta pensar en que con esos mismos actores, el resultado de Serena fue más pobre. De manera que no le restemos importancia a cómo ha sabido entender David O. Russell los puntos fuertes y la mejor manera de explotar la química que tienen en pantalla Lawrence y Cooper. No basta con juntarlos delante de la cámara.

Hace falta algo más. Lo mismo se puede aplicar al resto de los actores. Robert De Niro suele estar mejor en manos de este director cuando se autoexplota como icono en ese territorio a medio camino entre la comedia y el drama. Además en Joy isabella Rossellini, Diane Ladd y Virginia Madsen son tres puntales femeninos esenciales detrás de Jennifer Lawrence. Hacen mucho más sólido todo el edifico de comedia y drama que es Joy, sobre todo en su parte de costumbrismo. El papel de Madsen es una de las sátiras más divertidas que he visto de la clase media estadounidense y en general de cualquier país occidental, pegada a los culebrones y otros espectáculos televisivos de calidad dudosa y víctimas de cobardía para enfrentarse a sus propias vidas y al mundo real.

Lo que me lleva directamente al epígrafe de referencias. Los personajes el trabajo de Virginia Madsen, Diane Ladd e Isabella Rossellini suelen protagonizar, sobre todo en el caso de Madsen, la parte de Joy que me ha recordado más el cine de Pedro Almodóvar. Es curioso cómo construye su propuesta costumbrista David O. Russell, con ese primer tramo dinámico en el que los flashback se entrecruzan hábilmente con las ensoñaciones pesadillescas de la protagonista relacionadas con el culebrón televisivo, tirando del disparate para definir esa familia disfuncional, con los ex maridos conviviendo en el sótano, que me ha hecho pensar en una especie de variante puesta al día de los planteamientos generales de Vive como quieras (1938), uno de los clásicos de Frank Capra, otro director que navegaba muy bien entre las aguas de la comedia y el drama. Agradezco siempre en el cine de David O. Russell que no se deje arrastrar por lo más tópico de la dramedia romántica.

Finalmente tengo que reconocer que no soy precisamente “fan” incondicional de Jennifer Lawrence, ni flipo en colorines con todo lo que hace, pero me ha gustado bastante en este trabajo. De hecho es el trabajo que más me ha convencido de toda su filmografía junto con algunos momentos de La gran estafa americana. Ella es la mejor baza de esta película y me parece lógico que empiece a sonar para los premios del año.

Miguel Juan Payán

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