Tenemos que hablar ***

Tenemos que hablar. Divertida comedia romántica de enredo con munición de variado calibre en su reparto.

En lugar de optar por la sátira dominante en títulos de comedia de probada eficacia en la taquilla española reciente, el director de David Serrano, que tiene en su haber variantes de esa fórmula como Días de fútbol, Días de cine y Al otro lado de la cama, juega en esta ocasión en un terreno intermedio entre todas ellas, y además invoca con habilidad las mejores y más reconocibles claves de la fórmula de la screwball comedy norteamericana de la era dorada de Hollywood, acercándolas a nuestro muy castizo paisaje social y cultural con un puñado de actores que sirven fielmente a la causa aportando a la misma un amplio arco de posibilidades que es la mejor arma y en mi opinión uno de los aciertos de esta propuesta.

Para empezar en Tenemos que hablar se dan cita, a modo de reencuentro, los integrantes de una de las parejas televisivas más populares, en lo que a audiencia se refiere, de los últimos años en el audiovisual cocinado en España para la pequeña pantalla. Hugo Silva y Michelle Jenner tienen suficiente recorrido profesional juntos ante las cámaras de la serie Los hombres de Paco como para que aporten a Tenemos que hablar una química que sólo se adquiere con la repetición, la familiaridad entre ambos y la práctica. Así que juntos funcionan como un reloj, sacando todo el jugo a los momentos más disparatados de este reencuentro. Pero con ellos no se agota la munición de variado calibre humorístico que maneja la película, que cuenta también con una veterana todoterreno. Verónica Forqué es ese tipo de actriz que puede levantar cualquier diálogo y convertirlo en divertido, simplemente porque lo dice ella. La sonrisa está garantizada. Y además tiene un buen compañero de viaje en un Oscar Ladoire que reedita con habilidad la figura del iluso que presume de ser cínico y estar de vuelta de todo, cuando en el fondo todo lo que quiere es caer en los brazos de lo convencional. A la química de los protagonistas hay que añadir, y no es poco, la de Forqué y Ladoire, en una segunda línea de humor tocado por cierto costumbrismo pero que me ha recordado esos artefactos de humor fabricados cuidadosamente en la era dorada de los estudios de Hollywood para sacar el máximo partido al capital humano de la industria del entretenimiento audiovisual en los años treinta, cuarenta y cincuenta. Y para rematar la jugada, Serrano recluta a un auténtico killer de la comedia repleto de recursos para capitanear situaciones y diálogos disparatados: Ernesto Sevilla pide paso y papeles más protagónicos en una clave gamberra que encaja perfectamente como herramienta para equilibrar la parte de comedia romántica que protagonizan Silva y Jenner, y además es un buen compañero de viaje que refuerza la fase de Silva en el territorio del disparate. Si Adúriz pide paso para entrar en la Selección Española de fútbol, Sevilla pide paso para contar con su propio papel de protagonista en una comedia disparatada.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Martes, 15 Marzo 2016 08:23
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