Crítica Agente Contrainteligente ***

Marzo 15, 2016
Sacha Baron Cohen vuelve a dejar su impronta en un ejercicio de humor egocéntrico en toda regla, con un sentido perverso de la comedia escatológica, que canibaliza todos los planos y secuencias.

Hay algo en las películas protagonizadas por el actor de Borat que recuerda vagamente a los legendarios Jerry Lewis y Marty Feldman, aunque en una variante mucho más escandalizadora que la de los citados. Cohen es un hombre que tiene la necesidad compulsiva de exteriorizar en cada gesto que él es un tipo gracioso, dispuesto siempre a provocar las risas ensordecedoras de la totalidad de los espectadores que degustan sus obras. En este sentido, Agente contrainteligente sigue con fidelidad el modelo que el británico ha moldeado desde Ali G., sin importar lo forzadas que estén las situaciones o la incongruencia del guion que desarrolla la casi inexistente trama.

Fútbol al estilo hooligan, sexo de garrafón, chistes de pub regados en alcohol y nada de reservas a la hora de plantar gags hasta en los asuntos más insospechados hacen de la historia de Nobby y Sebastian un escaparate voluntariamente dislocado, donde la estrella de El dictador luce sus armas sin dejarse el más mínimo pudor en el armario.

De esta manera, el cómico isleño pasa sin contemplaciones -y con todo lujo de detalles- por felaciones imprevistas, encamamientos imposibles, dramas dickensianos que generan cierto espanto colectivo e histrionismo servido en grandes dosis. Todo para dotar de vida propia al caótico Nobby: un tipo criado en la localidad de Grimsby, sin mayor aliciente que el de tener hijos sin medida, estafar a los servicios sociales y soñar que la selección inglesa de fútbol gana su segundo mundial.

Aunque, entre los deseos de este individuo de notable parecido con Noel Gallagher, el que más marca su rutina es la esperanza de encontrar a su hermano Sebastian, al que perdió cuando ambos eran críos. La casualidad hace que el aficionado a la cerveza y al balompié cumpla su anhelo en una convención en Londres, donde el brother tiene la misión de desactivar al asesino de un alto mandatario de la ONU. En medio de la ceremonia, y cuando el pariente de Nobby se dispone a neutralizar al criminal, la acción del protagonista hace que la policía piense que el homicida es Sebastian; con lo que los dos deben huir para destapar una conspiración contra el mundo, orquestada por una millonaria dedicada falsamente a la filantropía.

Louis Leterrier desaparece en sus labores como director, ante el absoluto dominio de Cohen de lo que ocurre en el largometraje. Él llena la pantalla con su presencia y sus acciones sacadas de cualquier contexto medianamente creíble. Algo que anula completamente las actuaciones de un elenco en el que comparecen -casi como convidados de piedra- intérpretes tan conocidos como Mark Strong, Penélope Cruz, Ian McShane y Rebel Wilson, entre otros. El alter ego de Bruno consigue que todas las miradas se fijen en él, dentro de un trabajo que se percibe en no pocas escenas como demasiado artificial y engrandecido, avalado por un argumento del que se pierde la más absoluta constancia a lo largo de la alocada aventura central.

Esto conlleva a que Agente contrainteligente sea lo que Baron Cohen quiere: dependiente únicamente de la brillantez o fracaso del chiste de turno.

Jesús Martín

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Modificado por última vez en Lunes, 11 Abril 2016 17:29
Jesús Martín

Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación