Los recuerdos ****

Abril 20, 2016
Jean-Paul Rouve consigue emocionar y entretener con esta historia familiar, en la que la memoria de los mayores constituye un lazo de unión afectivo y estimulante.

Un grupo de personajes bien construidos, con sus experiencias y sus miedos, es sin duda la mayor riqueza de este trabajo basado en una sensible novela firmada por David Foenkinos. Con una naturalidad nada artificiosa, el responsable de Quand Je Serai Petit retrata una historia en la que los silencios y las palabras tienen similar protagonismo, alternados con imaginación por una puesta en escena llena de implicaciones nostálgicas, con la que el director elabora un vehículo de enganche altamente efectivo y sutil.

Dentro de semejante paisaje humano, las distintas generaciones que aparecen en Los recuerdos tienen la misión de construir su propio cosmos, individualizado adecuadamente para sea fácil la identificación de todos y cada uno de los miembros del clan de los Esnard. En lo alto de esa pirámide de edad se encuentra Madeleine (encarnada con profundas dosis de complicidad por la veterana Annie Cordy). Ella es una abuela atípica, tocada por un halo de tristeza comprensible y herida por el paso inexorable del tiempo. Tales grietas en su estado de ánimo son las que provocan su viaje a Normandía, para entrar en la escuela a la que asistió de niña: asunto que ayuda a desencadenar los acontecimientos que narra el filme.

En un peldaño más abajo se sitúa su hijo Michel (Michel Blanc): un banquero recién jubilado, que tiene que empezar desde cero con su esposa Nathalie (Chantal Lauby) y su nueva existencia sin actividad profesional a la que aferrarse.

Y en el escalafón de mayor juventud está el vástago de Michel y nieto de Madeleine: el soñador y vaporoso Roman (Mathieu Spinosi); un joven con aspiraciones de ser escritor, que busca obsesivamente al amor de su vida.

Estos tipos son los que soportan el argumento de la película: una obra proyectada con el ánimo de reflexionar sobre los insospechados caminos que toma la vida, y que exhibe algunas escenas realmente inspiradas.

Jean-Paul Rouve hornea una comedia con ligeros toques de tragedia existencial, en la que sobresale la capacidad humorística de Michel Blanc, el rigor interpretativo de Annie Cordy y la bisoñez impostada de un creíble Mathieu Spinosi. Todo un acierto desde el punto de vista artístico, que contribuye a disfrazar un poco la evidente trivialidad de un guion que adolece de ritmo en gran parte del metraje, y que consigue salir adelante a través del surrealismo impreso en secuencias como la del psicólogo que despacha productos en una gasolinera, o la del misterioso señor que contrata a Roman para trabajar en el hotel que él comanda.

No obstante, pese a los pequeños flecos que impiden a la movie ascender a cotas más altas, Los recuerdos es una cinta agradable y convincente, que logra mantener el interés por las más que verosímiles encarnaciones de su elenco actoral, y por la decisión de Rouve para no complicar el argumento con barroquismos innecesarios. En este apartado, el cineasta acierta al tirar por la senda de la aparente normalidad en las relaciones familiares de los Esnard, no muy distintas a las que experimenta cualquier urbanita en contextos similares.

Jesús Martín

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Modificado por última vez en Lunes, 09 Mayo 2016 15:52
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