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Crítica Magallanes ***

Salvador del Solar reflexiona sobre la imposible relación amorosa entre un violador y su víctima. Con imaginación e introspección psicológica, el director sudamericano explora los aspectos más oscuros de la Dictadura militar en Perú, así como sus consecuencias en los supervivientes de las torturas llevadas a cabo.

Harvey Magallanes es un tipo callado y solitario, cuyo trabajo diario consiste en acompañar a dar un paseo a su antiguo y avejentado coronel del ejército (ahora impedido en una silla de ruedas), y en ejercer como taxista ilegal para un excompañero de cuartel que regenta un bar. Marcado por un pasado violento y dado a los desmanes de fuerza, este hombre siente que su mundo se tambalea, cuando una joven sube a su taxi. Sin que la dama lo note, el protagonista no le quita el ojo de encima. Ella parece no reconocer al individuo, pero él sí que se acuerda de la muchacha. La chica es la misma persona a la que el otrora coronel de HM retuvo hace años en sus dependencias, sometida en todo momento a los abusos sexuales del alto mando del ejército.

Sin treguas y con la adrenalina desbocada en cada plano, Salvador del Solar reproduce la desastrada existencia de Magallanes, quien malvive atormentado por los pecados cometidos en la época en que lucía uniforme y cumplía órdenes.

Con semejante esquema argumental, este personaje es el que soporta el cien por cien del guion, misión que asume el actor Damián Alcázar con un gesto de angustia continua y cierto sentimiento de incomodidad activa. A través de él, el cineasta peruano monta una trama que transita con total libertad por los agradecidos márgenes del melodrama social y político, al que añade ciertas pinceladas de thriller sobre chantajes reivindicativos.

El mimetismo natural de Alcázar, quien imprime simas de dolor agrietado a su visión de Magallanes, consigue hacer verosímil una temática que en algunos momentos parece escapar al control de Del Solar. En este aspecto, el director está demasiado obsesionado en enfatizar cada detalle sobre cómo se perpetúan los diferentes intentos de extorsión del taxista contra el hijo millonario de su coronel, pero no cuadra de similar forma los acontecimientos que dan pie a la película: los años en los que Harvey era militar, y se dedicaba a ocasionar miedo y sufrimiento a los habitantes de las zonas por las que pasaba su unidad.

Ese desequilibrio entre pretérito y presente en la evolución humana del personaje de M simplemente está esbozado con recuerdos diseminados a lo largo del metraje, sin dar a estos una necesaria unidad destinada a comprender mejor el período histórico al que se refieren.

No obstante, la eficacia y agilidad discursiva a la hora de narrar la historia consiguen que no se noten demasiado las confusiones de una cinta que presenta un cuadro actoral realmente brillante. Incluso Federico Luppi, quien casi no pronuncia palabra alguna debido a la senilidad que padece el coronel violador al que presta su físico, resulta sumamente creíble y siniestro, con una caracterización compuesta simplemente de miradas y gestos de falta de lucidez mental.

Jesús Martín

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©accioncine

Modificado por última vez en Martes, 14 Junio 2016 08:53
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