Excelente thriller cargado de tensión y violencia desatada. Una película pequeña, desconocida por muchos, pero con una fuerza en sus imágenes y lo que plantea que la convierten en una grata sorpresa para los aficionados al cine de género y aquellos que no tengan el estómago sensible, porque la película tiene varios momentos gore realmente potentes, consiguiendo un efecto de impacto en el espectador que funciona muy bien. En lugar de abusar del gore, algo que lo convierte en cómico lo quieran los responsables o no, las pinceladas son las justas y necesarias para que el espectador quede en shock y sienta el peligro por el que pasan los personajes en un ambiente realmente hostil, luchando por su supervivencia a cada instante.

La trama nos presenta a un grupo de punk de tercera que sale de su último concierto sin dinero y con el ánimo por los suelos. Pero les ofrecen una nueva oportunidad decentemente pagada en un remoto antro al que van skinheads, un público con el que el grupo está habituado a lidiar, por lo que aceptan. Pero cuando el concierto termine, el grupo será testigo de algo que no debía ver, y la lucha por sus vidas comienza… algo que les lleva a encerrarse en la Green Room del título, y que va haciendo subir la tensión hasta que se alcanza un más que satisfactorio final, con un reparto que está magnífico durante toda la película.

Sobre todo con tres nombres, Anton Yelchin, Imogen Poots y Patrick Stewart, cuya presencia impone a todos los niveles y que tiene momentos que son sublimes, como cuando intenta calmar al grupo para que abandone la sala… Sólo con su voz ya deja claro que aquí quien manda es él. Mención especial para Macon Blair, en un secundario excelente. Y gran trabajo del guión a la hora de presentar a este grupo de “iluminados” superados por las circunstancias. Son majos, son buenos amigos, pero cuando las cosas se complican no tienen ni idea de cómo lidiar con el problema. No son capaces, esto no es una película de acción imposible en la que los protagonistas de repente se convierten en héroes. Esto es un grupo de amiguetes que se ven muy superados por las circunstancias. Y eso le aporta más verosimilitud a la historia.

La escena de la negociación o la huida son perfectos ejemplos de lo que digo, como el propio final. No se trata de unas personas que de repente se convierten en superhéroes. Son un grupo de pringados que se enfrentan a algo que les supera. Y en apenas 95 minutos todo se desencadena de forma impecable, aunque quizá algo más de sentido al motivo por el que todo comienza ayudaría, aunque esté bien engarzado, es quizá… excesivo, en una película que controla los excesos para impactar más, para causarnos más tensión y la continua sensación de peligro (los perros…) que nos lleva en volandas todo su metraje, heredero de películas como La última Casa a la Izquierda, pero mejor. Cocinada poco a poco, con fuerza y violencia, rodada con un pulso y un talento, el de Jeremy Saulnier, impecables. En definitiva, una excelente película a camino entre el terror rural y el thriller. Si pueden, hínquenle el diente.

Jesús Martín

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Modificado por última vez en Martes, 28 Junio 2016 18:24
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