La herencia Valdemar *

Enero 28, 2010


El cine de terror de los últimos años configura un desolador paisaje en el que, frecuentemente, los árboles no nos dejan ver el bosque. Cualquier producción de género decente, mínimamente presentable, tiene que lidiar con los prejuicios y las sospechas de quienes constantemente tenemos que tragarnos toneladas de cine basura adscrito al terror o a la ciencia ficción. Y si se trata de una producción española, entonces tendrá que enfrentarse además con todos los males inherentes al cine patrio: el desinterés de los espectadores, la consideración de “españolada”...en definitiva, más y más prejuicios.

Con semejante panorama, difícil lo tenía La Herencia Valdemar para hacerse un hueco en la cartelera y disputar la taquilla hasta cumplir con unos mínimos propósitos que le permitieran, ya no rentabilizar su enorme inversión (se habla de más de 12 millones de euros), sino ganarse a un público que esperase con ansia el estreno de una segunda parte, previsto para finales de año. Visto el resultado, puede que José Luís Alemán, director, guionista y máximo responsable de la obra a través de su compañía La Cruzada Entertainment, se quede con las ganas. Y es que la taquilla, en su primer fin de semana, no ha sido mala, pero las opiniones de quienes ya la hemos visto puede que frenen la asistencia a las salas. Porque La Herencia Valdemar es una honesta, sincera y bienintencionada propuesta de cine de género que hace aguas por demasiados frentes, lo que, me temo, terminará por lastrar su carrera comercial.

Alemán ha pretendido adaptar a Lovecraft, y para ello no ha reparado en medios. Ya desde los logrados títulos de crédito se intuye el deseo por ser fiel a un estilo, a una atmósfera, al universo de un autor maldito cuya obra raras veces se ha adaptado con fortuna en la gran pantalla. Las primeras escenas, en una agencia inmobiliaria, nos hacen pensar en una típica película de casa encantada, una de tantas desde que el gran Robert Wise estrenase su versión de The Haunting en 1963. Se nos habla de la mansión Valdemar, cuya tasación se ha complicado por la desaparición del primer perito cuando se disponía a hacerla. En esos primeros minutos de metraje, la película nos mantiene interesados, con la sucesiva aparición de los siempre competentes Silvia Abascal, Rodolfo Sancho, Óscar Jaenada o Eusebio Poncela. Y, a partir de ahí, llega el desconcierto.

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Una escena entre el detective interpretado por Jaenada y la directora de la Fundación Valdemar (Ana Risueño) en un tren, da paso a un larguísimo flashback que conforma finalmente el noventa por ciento del metraje. En él se nos cuenta la historia de esa familia Valdemar que habitó la mansión en el siglo XIX y el origen de la supuesta maldición. Estamos entonces ante un drama de época, con un cásting desconcertante en el que un potentado español es interpretado por el italiano Daniele Liotti, quien no oculta su acento, mientras que un personaje real como Aleister Crowley, británico, es interpretado por nuestro Paco Maestre, quien, como no podía ser de otra manera, se expresa en un perfecto y pulcro castellano. ¿No eran subsanables estos problemas en una producción de semejante enjundia?

 

Aunque ello no es más que una nimiedad ante el desastroso guión que la película desarrolla. Ese enorme flashback no sólo hace que nos olvidemos de la interesante trama inicial, sino que se convierte en un cajón desastre en el que todo parece tener cabida: Lovecraft, Poe, Henry James, la Hammer...aderezado todo ello con la presencia de personajes reales como ese Aleister Crowley (un misterioso poeta de principios del siglo XX acusado de prácticas de magia negra), Lizzie Borden (sospechosa de los asesinatos de su padre y madrastra en un caso de enorme relevancia en los Estados Unidos en 1892)  o el mismísimo Bram Stoker. Tanta referencia termina por despistar a un espectador que se esperaba otra cosa cuando al principio veía a Rodolfo Sancho trajeado en su despacho de la inmobiliaria...

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La excusa, dicen, es que el proyecto se rodó con la intención de hacer un tríptico, de manera que la trama inicial sería ampliamente desarrollada en la segunda parte, mientras que esta primera película tendría como objetivo acercarnos a los precedentes de la historia de la mansión con toda la acción desarrollada en el flashback. Pero no está la cosa en nuestro país para semejantes experimentos...

 

Quedándonos con lo bueno, es de destacar la cuidada ambientación y los buenos efectos visuales, obra, cómo no, del maestro Reyes Abades. Y, por supuesto, las buenas intenciones que se intuyen desde el principio, las ganas de agradar, de no caer en errores persistentes en nuestro cine de género, y de homenajear a tantas referencias entrañables. Pero la concepción del proyecto, el diseño y la planificación han sido, en mi opinión, erróneas desde el principio.

Algo ocurre en España con el cine de género. Se podrá decir que aquí y allá, porque no vamos a contar ahora los bodrios de terror que nos traen desde el otro lado del charco. Pero aquí, salvo excepciones como Jaume Balagueró, no hay forma de encontrar cierta solvencia y regularidad a la hora de hacernos pasar miedo en los cines. Amenábar lo logró en su momento, y cosas como El Orfanato siguieron esa senda, pero parece que falta talento a la hora de rematar las historias. La Fantastic Factory, un atrevido y por momentos rentable intento de potenciar la industria, también se presentó en su día con loables intenciones, aunque sus Dagon, Romasanta, Rottweiler o Faust no eran precisamente para tirar cohetes...

 

Y no quiero olvidarme de un nombre. La Herencia Valdemar nos da la oportunidad de ver por última vez en el cine al recientemente fallecido Paul Naschy, auténtico precursor del cine de género en nuestro país, y referencia ineludible para los que nos gusta pasar miedo con las películas.

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Lástima de proyecto. Dudo que podamos ver la segunda parte, aunque ojalá me equivoque, porque, aunque con intenciones no basta, no está de más señalar que aquí eran buenas. Y además, estamos ante una película producida sin subvención oficial (cuya legitimidad yo no discuto), que ha sido parida porque alguien con valentía y ambición se ha jugado su dinero, y al que yo espero que le vaya francamente bien.

 

Mi puntuación: 1 (sobre 5)

Modificado por última vez en Jueves, 28 Enero 2010 15:35