Mejor o por lo menos más divertida que Buscando a Nemo. Gana centrando el protagonismo en Dory.

El pez desmemoriado era la clave de la primera entrega. Todos nos dimos cuenta. El otro, el padre preocupado y llorón, era un pestiño. Lo toleramos porque Dory lo acompañaba, pero en general era lo que su propio nombre indica, un Pez payaso, con poca gracia. Pero Dory era una máquina, y finalmente aquí la dejan nadar por su cuenta, aquilatando al máximo y administrando cuidadosamente la aportación de Marlin. Dicho sea de paso, siempre me ha gustado más la versión Dory de Anabel Alonso que la de Ellen DeGeneres, y vuelvo a apostar por la versión en castellano de Dory también en esta ocasión. Lo dije en Buscando a Nemo y lo repito en Buscando a Dory.

El segundo acierto de Buscando a Dory frente a Buscando a Nemo es que maneja mejor la parte de emociones paterno-filiales del asunto. El prólogo más sentimentaloide está mejor servido visualmente, es más tenebroso y más atractivo como trama estilo Pinocho largándose a conocer mundo, fórmula infalible y que creo está mejor construida que en la película anterior.

El tercer acierto es el paisaje que han buscado para desarrollar esta nueva aventura. Dan el blanco llevándonos a un parque oceanográfico que acerca el ambiente a nuestra propia experiencia en ese tipo de lugares, mostrándonos la trastienda de los mismos y sacando el máximo partido a la visión que de esos lugares pueden tener los habitantes animales de los mismos. El chiste con Sigourney Weaver es particularmente significativo de ese juego de visita al parque del océano que forma parte del atractivo de esta segunda aventura y de paso permite la incorporación a la misma de otros personajes que permiten un relevo respecto a la primera película. El pulpo, el tiburón ballena, los leones marinos y el resto de los invitados a esta fábula de itinerario, están claramente marcados por ese halo de mayor intrepidez y optimismo por la aventura que representa el personaje de Dory frente al más recalcitrante y reticente Marlin de la primera entrega. Está claro que el giro de protagonismo le sienta muy bien a la secuela, más colorista y divertida, más distendida y relajada, incluso en su disparatada resolución de carrera-persecución que Buscando a Nemo. Buscando a Nemo era ya una buena película de animación y una de las más exitosas de la filmografía de Pixar, así que Buscando a Dory, que en mi opinión mejora su precedente, me parece uno de los disparos más seguros para la taquilla y una máquina infalible de entretenimiento y evasión para todos los públicos que tiene esa difícil y no siempre suficientemente aplaudida capacidad para ser una película que pueden disfrutar los adultos llevando a los menores de la casa al cine. Pixar recupera así la comunicación con el público infantil que algunos pusieron en duda frente a una de sus obras maestras, Del revés, con un producto que no por ser más ligero y consumible por los niños deja de ser un eficaz entretenimiento para los mayores.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 11 Julio 2016 16:39
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