Esperando al rey ***

Junio 28, 2016
Tom Tykwer firma una película que provoca cierto desconcierto, desde los títulos de crédito iniciales hasta el final.

Una sensación extraña se asocia a los fotogramas de esta producción abonada con capital estadounidense, la cual cuenta con la presencia de una las estrellas más consolidadas en la Meca del Cine: Tom Hanks. Con estos simples datos, los aficionados podrían pensar que se trata de una comedia resultona, de las de humor facilón y rápido consumo; pero lo generado por el creador centroeuropeo se halla radicalmente alejado de esa concepción.

Lo que acoge el guion de Esperando al rey es una historia de existencialismo contemporáneo, según las pautas orquestadas por la homónima novela de Dave Eggers. Y con tales elementos juega el teutón Tom Twyker, un director bastante dado a levitar por encima de los asuntos mundanos y de comercialidad visible, sobre todo cuando tiene entre manos un material de profundas reflexiones, relativas a la naturaleza humana.

Ante tal panorama, de cuestionamiento de la identidad y de la vida transcurrida, es en el que se sitúa el perdido Alan (Tom Hanks): el representante de una importante empresa de comunicaciones de USA, que aterriza en Arabia Saudí con el objetivo de convencer a un rey -al que conoció casualmente en una fiesta hace tiempo- de que contrate a su compañía, para desarrollar en la zona un complejo software holográfico.

A partir de esta base argumental, el filme asienta la absoluta credibilidad del relato en la interpretación de un Tom Hanks que, literalmente, monopoliza la pantalla con su presencia. El personaje protagonista es el único que goza de una definición exacta y trabajada, mientras que el plantel de secundarios queda sin rasgos visibles, en medio de la maraña temática en la que Twyker acaba hundiéndose.

Un humor inexistente, centrado en la relación de amistad circunstancial entre el papel principal y su estrafalario conductor, parece ser el vehículo utilizado por el responsable de El perfume: historia de un asesino para agilizar el libreto. Aunque, debido a la nula capacidad para concitar la diversión necesaria, éste queda pronto inmunizado por un ritmo narrativo lento y reiterativo.

La continuas idas y venidas de Alan al complejo industrial saudí, los agotadores obstáculos tecnológicos para llevar a buen puerto las sesiones de trabajo y las interminables noches del estadounidense en la habitación de su hotel conforman el grueso de un libreto bastante cansino; únicamente alterado por la aparición de un amor aparentemente prohibido, entre el rol de Hanks y una doctora saudí.

De esta manera, la rocambolesca evolución del ejecutivo del país de las barras y estrellas es lo que marca el curso activo de Esperando al rey, pero esa transformación carece del necesario atractivo, como para soportar sobre sus supuestas genialidades la mayor o menor pegada de la movie.

Dentro de esa espiral de exasperación por comprobar hacia dónde se dirige la película, ni siquiera los golpes de efecto más resaltables consiguen elevar el tono general de monotonía discursiva. Emoción de desafecto que Twyker consigue maquillar mediante escenas como la de la playa, o la del encuentro de Alan con los familiares y vecinos de su desastrado guía.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 25 Julio 2016 09:34
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