Elvis & Nixon ***

Agosto 25, 2016
Liza Johnson monta una entretenida película en torno a la reunión que mantuvieron Elvis Presley y el Presidente Richard Nixon en el Despacho Oval de la Casa Blanca, un 21 de diciembre de 1970.

Hace algo menos de diez años, fuentes oficiales del Pentágono desclasificaron por fin los archivos de una de las leyendas más extrañas en la historia reciente de Estados Unidos: la construida sobre los cimientos de la conversación que mantuvieron Nixon y el Rey del Rock en la Casa Blanca, durante el 21 de enero de 1970. Aunque el contenido de lo que ambos hombres se dijeron es aún un secreto guardado por el celo burocrático, lo que sí se puede asegurar es que ambos parlamentaron largo y tendido respecto al problema de la drogadicción entre los jóvenes norteamericanos.

Existen algunas versiones que aseguran que Elvis acudió un tanto alucinado a la cita, un asunto en el que no entra la directora Liza Johnson. Resulta comprensible la decisión de la cineasta en este punto, sobre todo al ser éste un dato imposible de comprobación; pero no parece tan aceptable el hecho de que la responsable de Hateship Loveship no haga referencias a los problemas de adicción que acarreó el cantante de Love Me Tender a lo largo de toda su existencia.

No obstante, el filme tira por el camino del surrealismo épico del que hizo gala Presley, al situarse en el punto de mira de un tipo tan conservador como Nixon. El libreto acierta a la hora de plantear la cuestión argumental, como una especie de sueño psicodélico del protagonista de El barrio contra mí, el cual anhela recibir una placa del FBI como agente encubierto en régimen de autónomo.

Tal idea delirante gana enteros cuando el espectador toma nota de que fue verídica, y con ella Johnson levanta una obra cargada de situaciones en las que el personaje de Presley aparece como un tipo de decisiones impetuosas, y tendente a las acciones más sorprendentes e inverosímiles.

Ante semejante planteamiento, la directora recurre a la actuación de Michael Shannon, el cual dota a Elvis de un aura serena e irracional; lo que contribuye a nutrir su comicidad en pantalla con un componente cool, muy acorde con su caracterización. Sus frases, dichas con la parsimonia de un actor que se ha lustrado en interpretaciones casi psicóticas, provocan que el Rey del Rock quede en el largo como alguien sorprendente. Y eso a pesar de que el parecido físico entre ambos no pasa la prueba del algodón, y se queda en el mero disfraz resultón.

A su lado, Kevin Spacey elabora un Richard Nixon poliédrico, en el que es posible hallar una vena humorística de la que carecía el personaje real. La estrella de House of Cards intenta meterse en la piel del gobernante de USA con los tics físicos característicos, y los exagera de manera conveniente cuando es necesario.

Sin embargo, la parte más sensata de la obra (la correspondiente con la historia del mejor amigo de Elvis, identificado como el confuso Jerry) queda mucho menos brillante que la dedicada a la imposible charla del Rey del Rock con el republicano Nixon. Esto desequilibra el guion horneado por Cary Elwes, Joey Sagal y Hanala Sagal; ya que la movie únicamente funciona en la vía del delirio generalizado, y nunca en el terreno de las actitudes razonables.

Jesús Martín

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Modificado por última vez en Lunes, 19 Septiembre 2016 17:02
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