Percy Jackson y el ladrón del rayo ***

Miguel Juan Payán Febrero 19, 2010

Percy, esto es, Perseo Jackson, se presenta como un emulador de Harry Potter pero trasladando todo el enredo mágico a unas claves de interpretación muy liberal de la mitología griega. Bajo ese punto de vista, destaca el cambio que supone este nuevo intento de meterse en el bolsillo al público infantil y juvenil, y de paso a los familiares que les acompañan, frente al tono más serio y melodramático que suele acompañar a las aventuras del niño/joven mago de Hogwarts.

Percy es para empezar más gamberro, desinhibido y buscaproblemas que el amigo Potter (basta ver cómo es activo en las escenas con su padrastro, frente a la pasividad exasperante de la que hace gala Potter frente a sus tíos). Es obviamente un modelo más del tono americano partidario de la acción frente a la flema británica, por decirlo así, y responde, tanto en las novelas como en la película que adapta su primera aventura, a un molde de personaje tejido sobre las características de los Tom Sawyer y Huckleberry Finn de Mark Twain, en tanto que Potter está más cerca de lo que cabría esperar de, por poner un ejemplo, Oliver Twist, una de las más célebres creaciones de Charles Dickens.

He querido comentar esto en primer lugar porque conviene dejar claro que esta primera película de Percy Jackson no me parece ni mejor ni peor que las de la saga de Harry Potter. Cada una de ellas tiene sus propias ventajas e inconvenientes. Por ejemplo ésta tiene acción directa y más sentido del humor, dos cosas que personalmente prefiero. En tanto que las de Potter juegan con la ventaja de tener tras de sí la construcción de todo un universo fantástico, cierto es que con numerosos elementos birlados  a todas las cosmologías que se le ponen a tiro, con especial protagonismo de la mitología griega. El mundo de Potter puede parecernos por otra parte más rico porque además de estar aquí antes de el de Percy Jackson, que se una variante de la misma fórmula, tiene por el momento más entregas en lo que a cine se refiere. Veremos cómo evoluciona y hacia qué parámetros en los siguientes largometrajes de su propia saga, lo cual puede ser curioso especialmente ahora, cuando la saga de Harry Potter va toando a su fin.

Lo que ocurre es que yo no estaría cumpliendo con mi función eficazmente si ocultara o disfrazara en este comentario lo que de verdad me dicen mis tripas, esto es, que aún reconociendo la calidad superior en cuanto a factura visual y dramática de las aventuras de Harry Potter, me lo he pasado en grande viendo esta primera entrega de las peripecias de Percy Jackson. De hecho, me lo he pasado mejor que viendo algunas de las películas de Potter. No hay misterio en ello. Tiene una explicación bien fácil: Percy Jackson y el ladrón del rayo rescata una manera de entender la fantasía más propia de los clásicos de la serie B, de las sesiones matinales de los sábados en el cineclub de la escuela, de esas películas de monstruos y mitología épica que nos acompañaron a muchos en el paso por la infancia y parte de la juventud, y está repleta de criaturas amenazadoras, momentos de acción, duelos a espada, chicas atractivas…

Ya digo, al estilo americano, con menos diálogo y más acción trepidante que algunas entregas de Harry Potter. Con arpías, minotauros, centauros, gorgonas, hidras y otras criaturillas capaces de meterle mucha marcha al asunto antes de que todo se resuelva en el mismísimo Olimpo donde habitan los dioses, convenientemente elevados de tamaño ante los semidioses y humanos para  esta ocasión.

Otra clave del cambio la encontramos en el viaje que hace el héroe y los acompañantes que lleva para el mismo. Percy Jackson no está por la labor de practicar el sacrificio y el sufrimiento, de manera que su viaje le lleva a pasarse por Las Vegas antes de asomarse al infierno en el que el guiño de turno requiere que el dios Hades se muestre como una estrella del rock, tipo Mick Jagger, y cuando se mide con Medusa, la Gorgona con cabello de serpiente capaz de convertir en piedra todo lo que mira, ésta resulta ser Uma Thurman en un alarde autoparódico que se complementa con la forma aplicada por el héroe para enfrentarse a ella: allí donde el mítico Perseo utilizó la superficie del escudo como espejo, Percy utiliza un artículo mucho más propio de nuestros tiempos… En cuanto a sus compañeros, un sátiro con ganas de nenas y marcha y una moza de buen ver que además resulta ser una semidiosa guerrera, aportan dinamismo y despreocupada alegría juvenil a una aventura que claramente discurre por caminos que le llevan a poner el entretenimiento por encima de todo. La frase que suelta uno de los personajes al entrar en el instituto donde estudian los protagonistas, pasando entre un grupo de guardias jurados midiéndose con los alumnos más conflictivos, es otra pista del tono satírico y como de saludable cachondeo que preside todo el asunto: “Esto es como High School Musical… pero sin el Musical”. Y ya de paso aviso que no se vayan cuando empiecen a salir las letras, porque hay guiño o parto a modo de remate y después de una ración razonablemente corta de créditos.

Yo, al acudir a ver este tipo de películas, por otra parte inevitablemente previsibles pero igualmente muy eficaces para pasar un rato entretenido y agradable en el cine, valoro mucho ese puntito gamberro, ese cachondeo sano que oficia al mismo tiempo como autoparodia, y ese tomarse en serio lo justo y sin pasarse.

De manera que he concluido que Percy Jackson y Harry Potter tienen algunas cosas en común, pero en el fondo son bastante diferentes, así que a cada cual lo suyo.

Pero me lo he pasado realmente bien viendo esta película, claro que yo siempre he sido más de espadas y escudos que de varitas mágicas y escobas voladoras.

Aunque en ésta hay unas playeras muy chulas con unas alitas bien majas que no estarían mal para ir a currar de buena mañana con lo chungo que está el tráfico a la hora punta.

Miguel Juan Payán

Modificado por última vez en Viernes, 19 Febrero 2010 19:12