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El corredor nocturno

Marzo 09, 2010


Observando la carrera como director de Gerardo Herrero, flamante Óscar como productor de la estupenda El Secreto de sus Ojos, podremos considerarla como un vaso medio lleno, o medio vacío. Los menos exigentes concluirán que estamos ante un cineasta especialmente dotado para la dirección de actores, que casi nunca defrauda a la hora de escoger interesantes historias. Los más críticos sostendrán que ninguna de sus películas es redonda, que a todas les falta algo, esa rotundidad que pudiera permitirnos recordarle como el responsable de aquella magnífica película. Porque ninguna de sus obras perdura, aunque cuente en su filmografía con varias recomendables. Y es que Herrero, prolífico y exitoso productor, no acaba de dirigir una cinta realmente buena.

El Corredor Nocturno adapta una novela del escritor uruguayo Hugo Burel, que en su traslación a la gran pantalla se ajusta fielmente a esos parámetros que caracterizan el cine de su director. Efectivamente, se trata de una película bien dirigida, muy bien interpretada, y que amaga pero no pega, que deja un sabor agridulce en un espectador que disfruta con sus virtudes pero se lamenta por la falta de contundencia.

Se nos cuenta la historia de Eduardo López, interpretado por un solvente Leonardo Sbaraglia, gerente de una compañía de seguros que conoce en un aeropuerto a Raimundo Conti, un enigmático ejecutivo que se convertirá en la peor pesadilla de un tipo agobiado por las presiones de su trabajo, acentuadas por las constantes ofertas, no del todo detalladas, de su nuevo conocido. Conti es Miguel Angel Solá, que aprovecha a la perfección el caramelo que supone su personaje, alguien con quien todo actor puede disfrutar: una personalidad ambigua, la maldad contenida en un traje que escupe ácidas conclusiones refugiado en un halo de supuesta superioridad moral e intelectual. Solá está sencillamente espectacular.

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Los dos personajes mantienen un interesante duelo, cuyo atractivo decae al mismo tiempo que la historia agota sus puntos álgidos, cuando se ve perjudicada por la excesiva ambigüedad que el guión maneja. Pasamos del thriller más común al thriller psicológico, mientras nos insertan varios flashbacks sobre una trama en la compañía que parece acusar al protagonista Sbaraglia de una conspiración para ascender en su trabajo. Varios posibles desarrollos argumentales combinados con constantes reuniones entre los dos protagonistas principales y escenas del personaje principal corriendo, que no terminan de cuajar, y que provocan un desconcierto mayúsculo sólo compensado y tolerado por las excelentes interpretaciones.

Resulta evidente el mensaje que el cineasta quiere transmitir. Las maldades de un sistema económico y financiero que asfixia a los trabajadores, que saca lo peor de la condición humana, y que justifica las coyunturas económicas para deshacerse de ellos, los mismos que permiten los beneficios en épocas de bonanza, y que son considerados como pesados lastres susceptibles de ser despedidos cuando llegan las vacas flacas.

Y lo triste es que ese mensaje podría ser igualmente lanzado desde una concepción más asumible. El Corredor Nocturno podría haber sido un eficaz thriller, concebido como un duelo entre el bien y el mal, personificado en esos interesantes personajes a los que encarnan Sbaraglia y Solá. Terminaría siendo una película de suspense al uso, de esas que el cine norteamericano factura compulsivamente. Pero quizás ese deseo de apartarse del cine más convencional haya provocado que la película termine siendo lo que es: un tratado de ambigüedad que no logra llegar a un espectador abrumado por los múltiples caminos que la cinta parece querer tomar sin decantarse finalmente por alguno.

Como Las Razones de mis Amigos, como Territorio Comanche, como Heroína, El Corredor Nocturno interesa hasta que termina, se ve y se olvida, a pesar de sus innegables virtudes. Seguiremos esperando la gran película como director de Gerardo Herrero, un nombre fundamental en nuestra industria, que quizás merezca firmar algún día una película buena de verdad...

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Mi puntuación: 2 (sobre 5).

Modificado por última vez en Martes, 09 Marzo 2010 13:28