Detroit *****

Septiembre 14, 2017
Muy buena película de Kathryn Bigelow que debería aspirar a varios premios del año. A ver, no es que los premios me importen lo más mínimo ni piense que definen la calidad de una película siempre, pero lo cierto es que después de ver Detroit lo que me quedó claro es que si esta película no vuelve a poner a Bigelow y algunos de sus colaboradores entre los nominados a los galardones del año, sería raro. Detroit tiene todos los elementos para estar entre las nominadas y premiadas. Pero eso no es lo mejor. Lo mejor es que es una muy buena película, y a mi parecer confirma que su directora está ahora mismo en la reducida lista de diez o doce directores de los que hay que esperar con ganas la llegada de su próximo trabajo, porque suelen cumplir con las expectativas y además mejoran con cada nueva película, tienen una filmografía rica y en progresión ascendente y además no temen meterse en huertos. Y Detroit es un auténtico huerto. O mejor dicho: una bomba social, al menos para la sociedad americana, cuyas cuentas pendientes de enfrentamiento racial todavía no han sido del todo solucionadas y que viendo esta película parecen todavía muy presentes en el día a día de la mentalidad norteamericana, por mucho que quieran vendernos una imagen progresista.

Detroit es una gran película como documento del conflicto racial en Estados Unidos. Pero además es una gran película como estructura de intriga y tensión creciente. Más allá de su indudable valor como testimonio más o menos inspirado en los hechos reales que pretende adaptar a la pantalla, lo que más interesa de ella desde el punto de vista cinematográfico es su capacidad para llevarnos a esa noche de pesadilla y construir una estructura perfectamente operativa y cuidadosamente calculada de protagonismo coral en el que los puntos de vista del suceso van bombardeando al espectador con un ritmo endemoniado, hasta sumirnos en una inmersión plena en los acontecimientos que se van produciendo en la pantalla. Hace todo eso además sin perder de vista la necesaria pincelada de reflexión sobre lo que cuenta, presente desde esa introducción casi pedagógica que nos pone en situación en el cómo y el por qué de los sangrientos sucesos que vamos a ver en pantalla.

En todo momento quedamos envueltos por el ambiente de los motines urbanos, una guerra civil en toda regla donde el orden salta por los aires y se muta en caos absoluto. Bigelow ya ha demostrado que puede moverse en ese tipo de situación en varias ocasiones, las más recientes En tierra hostil y Zero Dark Thirty, aunque llegados a este punto conviene recordar que tiene en su filmografía un título anterior que en algunos aspectos me ha venido a la memoria mientras veía ésta nueva película y que aprovecho para recomendarle al lector que rescate, porque es un clásico de la ciencia ficción quizá demasiado obviado u olvidado: Días extraños, de 1995.

Bigelow le aplica a su película un tono de inmediatez propio de los reportajes cámara al hombro de la televisión, metiéndonos así de cabeza en cada recodo del drama que van a vivir los personajes a ambos lados del acto violento. Pero además Detroit cuenta con una especial habilidad para definir perfectamente a los muchos personajes con protagonismo que la habitan. Y además consigue centrar su mensaje sobre las consecuencias en de lo ocurrido en las vidas de todos ellos en el personaje de Larry interpretado por Algee Smith, cuya historia es la historia de muchas otras víctimas atrapadas en el miedo. Eso permite a Detroit sobrepasar en su tercer acto las fronteras marcadas por el suceso real que recrea para convertirse en un largometraje que puede hablar directamente a las víctimas de los abusos de cualquier época, en cualquier tiempo, país y lugar, sean de la raza que sean.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Martes, 07 Noviembre 2017 12:20
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