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Acantilado rojo ****

Miguel Juan Payán 17 Mar 2010

Hace años, cuando el cine japonés empezó a circular en los festivales de cine internacionales, a Akira Kurosawa se le empezó a calificar como el director más occidentalizado de aquél país, tanto por los temas que abordaba como por las adaptaciones de autores como Shakespeare o Dashiell Hammett que afrontaba como por sus propias declaraciones afirmando que contaba a John Ford como uno de sus maestros, y el western como uno de sus géneros favoritos. Ahora podríamos decir otro tanto de John Woo,  que es sin duda el director más occidentalizado entre los chinos e incluso ha intentado, asentarse como realizador en Hollywood, en mi opinión con resultados inferiores a los de su filmografía asiática.

Todo ello le otorga un significado muy especial a Acantilado rojo, una película que es tanto un homenaje como una actualización a los coloristas y dinámicos espectáculos épicos de artes marciales que se rodaron en los años sesenta en el seno de la productora Shaw Brothers (películas como Los héroes, Clanes asesinos, Rey águila, Todos los hombres son hermanos…). Woo, que ya abordó con buenos resultados el género de caballería y lucha con espadas, wuxia, en su película El último caballero (1979), vuelve sobre el mismo tema pero trae al mismo toda la experiencia de rodaje y narración al estilo occidental que le ha aportado su paso por Hollywood. Él mismo ha afirmado que veía esta superproducción como una especie de equivalente chino a Troya, aunque creo que equivoca el referente, ya que tanto por el tipo de batalla que se libra como por los medios empeñados en la misma y contando con un doble enfrentamiento terrestre y naval estaríamos no tanto en el marco de la equivalencia con el enfrentamiento entre griegos y troyanos como en el territorio de 300, las Termópilas y la batalla naval de Salamina, si bien es cierto que en lo referido a la manera de contar y el abordaje de la fábula desde el punto de vista estético nos encontramos más cerca de superproducciones relativamente modernas del cine chino como Tigre y dragón, Héroe, La maldición de la flor dorada, La sombra del emperador, La casa de las dagas voladoras o La promesa.

Espectacular en cada uno de sus rincones, plena de acción épica y con algunos planos ciertamente impresionantes, no sólo por su despliegue visual sino también por su belleza, Acantilado rojo recrea un asunto real de la historia de China que le permite a Woo elaborar un intenso fresco de batallas y enfrentamientos singulares con un aire lejano de representación de la ópera china que no resta un ápice de naturaleza cinematográfica a su propuesta.

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Lo que ocurre es que en la versión que llega a las salas occidentales, y considerando que el público occidental iba a sentirse abrumado y poco dispuesto a pasar cuatro horas sentado en el cine viendo esta historia protagonizada por figuras legendarias de la historia china, se han practicado cortes de metraje. Si en Asia la ven en dos partes de unas dos horas cada una, en el resto del mundo la conoceremos con una copia cuyo metraje está en torno a las dos horas veinte, más o menos. Siendo comprensible desde el punto de vista de la explotación comercial y las característica de la exhibición en salas, lo cierto es que esa reducción del metraje redunda principalmente en una acumulación y dominación de las secuencias de acción sobre las de diálogo durante toda la película, circunstancia que si bien  no cansa en absoluto, porque hay que decir que Acantilado rojo goza de un ritmo envidiable que nos mantiene interesados y entretenidos durante casi todo su desarrollo, quizá por ese aire occidentalizado del cine de Woo que he mencionado inicialmente, lo cierto es que esa acumulación de momentos trepidantes se incrementa y acelera a medida que progresamos hacia el desenlace y acaba por resultar ligeramente agotadora para el espectador, un tanto atocinado ante el despliegue de hazañas bélicas que bulle en la pantalla y con el umbral de la sorpresa ciertamente sobrepasado.

Se da el caso de que además por ese motivo el ritmo del desenlace se resiente, y es en esa parte donde más se notan los cortes derivados del montaje resumido, dando además entrada a algunos saltos en las acciones que protagonizan algunos personajes, como el general de la lanza, y saltando demasiado bruscamente de la batalla nocturna a la batalla del día siguiente.

No obstante, Acantilado rojo es una película digna de interés para todo aficionado al cine épico e histórico, de obligado visionado para los seguidores de las cinematografías asiáticas y que de cara al espectador más general reúne suficientes elementos y momentos de acción e intriga como para que pueda ser disfrutada a modo de plato exótico en la dieta del cinéfilo dispuesto a probar cosas nuevas y distintas del anodino paisaje que suele presentarnos el cine de acción rodado en Hollywood.

Y les aseguro que algunas de las escenas de batalla tienen la épica visual que le falta a algunas de las muestras más taquilleras entre sus equivalentes occidentales.

Ahora lo que nos queda esperar es que hagan una edición en DVD que recupere ese metraje completo no exhibido en salas de esta producción que sin duda merece figurar entre las mejores del cine histórico y como uno de los mayores logros del cine asiático hasta el momento.

Miguel Juan Payán

Modificado por última vez en Miércoles, 17 Marzo 2010 16:02
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