FURIA DE TITANES ***

Miguel Juan Payán Marzo 31, 2010

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Las expectativas que pueden llegar a despertar son terribles para algunas películas cuando finalmente llegan a la cartelera. No tanto porque prometan más de lo que finalmente dan como porque, llevados por las secuencias del tráiler, los propios espectadores construyen su castillo de anticipación sobre cómo puede llegar a satisfacerles la película en cuestión, y qué deben esperar de ella.

En el caso de la nueva versión de Furia de titanes, la película se enfrenta además a la memoria que puedan tener algunos espectadores de la versión precedente, que ya en el momento de su estreno a principios de los años ochenta constituyó una última cita del espectador con una manera de entender el cine de fantasía con claves mitológicas profundamente vinculada a la serie B, con limitado presupuesto pero desbordante imaginación, y sobre todo con el talento de Ray Harryhausen a la hora de crear a los monstruos.

La nueva Furia de titanes es visualmente eficaz, tiene un ritmo que garantiza el entretenimiento y no da tregua en cuanto a su continua propuesta de paisajes, escenas de acción y aparición de criaturas míticas, pero no tiene a su favor ni el talento de Harryhausen para fabricar monstruos y espectaculares secuencias de acción en clave realmente artesanal que convertía cada uno de sus modelos en pequeñas obras de arte –todo ello ha sido sustituido aquí por efectos visuales por ordenador, más espectaculares y visualmente convincentes, sin duda, pero por otra parte algo más fríos-, ni ese halo de diversión sin complejos que rodeaba a las producciones de serie B previas a los años ochenta, por otra parte orgullosas de serlo.

Además, se toma a sí misma más en serio de lo que debería, por mucho que sus artífices hayan optado por ser más oscuros que el filme original, y casi echamos en falta la sana modestia de la serie B tradicional, aunque algo del espíritu de la misma anida en alguna de sus imágenes y en muchos de sus planteamientos argumentales.

Las comparaciones son odiosas, pero la Furia de titanes original tenía además de su parte el hecho de ser una especie de canto de cisne, tanto en la carrera de Harryhausen como en la manera de entender cierto tipo de películas, y sin ánimo de ponerme nostálgico, lo cierto es que el cine cambió de manera radical en el paso de los años setenta a los ochenta.

Ahora estamos sin embargo en otro partido, y no dudo ni por un momento que a las nuevas generaciones de espectadores la pericia artesanal de Harryhausen puede dejarles totalmente fríos y prefieren sin duda la competencia visual para llenar la pantalla de monstruos imposibles de la que hace gala con profusión la nueva Furia de titanes.

Pero dejando al margen toda tentación nostálgica, lo cierto es que me esperaba algo más de esta producción que, aún resultándome entretenida y divertida como pocas y siendo visualmente una de las más espectaculares que he visto en los últimos meses, me ha dejado una especie de hambre de épica que está relacionada con dos detalles especialmente significativos de su planteamiento.

Por un lado, las secuencias de combate, bien sea por la innecesaria traducción al 3D o bien por la manía de montar sin que podamos ver nada claramente que tiene el cine de nuestros días, resultan algo caóticas y no se ven claramente, lo que sin duda resta contenido épico a las mismas.

Por otro, el director solventa los enfrentamientos con los retos de los protagonistas demasiado rápidamente. Quiero decir por ejemplo que el duelo con Medusa o el enfrentamiento final con el Kraken, a la vista del despliegue visual que se muestra en pantalla, bien merecerían un metraje más amplio para darnos la oportunidad de disfrutar la tensión de los acontecimientos. Lo mismo ocurre en el enfrentamiento con Calibos. El único momento en que Leterrier se toma algo más de tiempo para mostrarnos la acción es el enfrentamiento con los escorpiones, que precisamente por ello creo que acabará convirtiéndose en la secuencia más recordada del largometraje cuando pase un tiempo, superando en la memoria del espectador al duelo con Medusa y con el Kraken.

Vivimos un tiempo de cine hecho y narrado como con prisas, y ello resta densidad dramática a los personajes y la construcción de las historias. En Furia de titanes se da un encadenamiento de acontecimientos y citas con el espectáculo de ritmo casi circense, sin duda como digo muy eficaz y entretenido, y quizá incluso sea ese el ritmo que pide la mayoría de los espectadores, un ritmo de contar con urgencia la fábula, sin entretenerse más que lo imprescindible para abocetar los personajes y ponerlos a funcionar en la aventura… pero creo que con ese ritmo se pierde la posibilidad de permitir que el espectador establezca vínculos de empatía y afecto por los héroes de la historia. Acumular momentos espectaculares sin pararse, por ejemplo, a desarrollar mejor la trama del vínculo entre Perseo e Io o explicar con algo más que dos breves secuencias el conflicto que une y al mismo tiempo distancia al protagonista de su padre real mediante el enfrentamiento cara a cara de Perseo con Zeus me parece un  desperdicio.

Contando con el despliegue de efectos que la adorna, y liberada de la dependencia de algunos tics infantiloides que estorbaban a la versión anterior (por cierto, muy bueno el guiño de chiste sobre el búho mecánico) para zambullirse en unos tonos más oscuros y plantear la emancipación de los hombres frente a su dependencia de los dioses (un tema que por otra parte está tratado de manera un tanto superficial, sino ligera, pero que tiene mucha enjundia y es sin duda lo más interesante en la película desde el punto de vista argumental), la nueva Furia de titanes debería habernos proporcionado las sensaciones de algo parecido a 300, o al menos debería haberse acercado, pero en lugar de ello se desempeña sólo como un eficaz entretenimiento para toda la familia al que en mi opinión le falta ambición y algo de serenidad para ser lo que podría haber llegado a ser caso de desenvolverse plenamente en todo su potencial.

Nos queda una película entretenida para toda la familia que se hace corta tanto por su ritmo, algo acelerado, como por su capacidad para acumular secuencias de acción trepidante.  Ello no es poco, pero podría haber sido mucho más…

Miguel Juan Payán

Modificado por última vez en Martes, 13 Abril 2010 22:11