Luciérnagas en el jardín ***

Jesús Usero Abril 04, 2010


A veces uno no se aclara. No sabe bien que tiene que tener una película para ser tratada con un mínimo de respeto, no ya por la crítica, sino por sus propios productores y distribuidores americanos que convirtieron una película con este reparto y una trama interesante, en un estreno minoritario que acabó sin pena ni gloria en las estanterías de DVD de cualquier videoclub o similar. Una lástima porque sólo por el gran grupo de actores reunidos en la pantalla, merece la pena echarle un vistazo a Luciérnagas en el Jardín.

La historia se centra en la vida de Michael (Ryan Reynolds), novelista de éxito a punto de divorciarse de su mujer alcohólica (Carrie Ann Moss), con una madre amantísima (Julia Roberts), un padre al que no sabe si odiar o simplemente despreciar (Willem Dafoe), una hermana a la que casi no ve (Shannon Lucio) y una tía con la que comparte más de un secreto (Emily Watson). Un viaje al hogar de su infancia para una celebración familiar se torna en tragedia y le trae recuerdos de un verano mucho tiempo atrás, en el mismo lugar, que marcó su vida y que le ha motivado a escribir su nueva novela, esa que nadie en su familia quiere que publique. Luciérnagas en el Jardín es un drama de corte clásico que trae imágenes de muchas historias similares contadas por el cine en los últimos años (y no tan últimos, durante varios de los flashbacks la película me recordaba a Verano del 42, una joya a rescatar), que no pretende innovar en ningún punto, pero que trata de contar una historia con solidez y ternura, y de involucrar al espectador con unos personajes humanos y creíbles que logran, casi siempre, cumplir con su función, aunque no termine de cuajar completamente. Pero como drama es mucho más sólido que otras películas que acaban teniendo una distribución mayor y, sobre todo, una mayor cobertura por parte de los medios, aquí y en cualquier lugar del mundo. La vida no es justa, qué le vamos a hacer. fireflies-500x334
Si hay un motivo más que suficiente para ir al cine a ver la película es su magnífico reparto. Desde Ryan Reynolds, su protagonista, en un papel cercano al espectador aunque lleno de aristas, de miedos, de traumas... hasta una Julia Roberts contenida (aunque el maquillaje para hacerla envejecer cante por soleares), sin dejar de lado a Willem Dafoe, probablemente la mejor persona para dar vida a ese padre abusivo pero derrotado, o Emily Watson, una de esas actrices muchas veces olvidadas y que transmite más con una mirada que otros con diez líneas de texto. La presencia de secundarios como Carrie Ann Moss, quien desde que interpretó a Trinity en Matrix tiene problemas para encontrar su sitio en la industria, o Hayden Panettiere, dan un empaque al conjunto que muchas otras producciones querrían para sí. Todos ellos están excelentes y defienden sus papeles con una firmeza envidiable.

Hay momentos que son maravillosos (Reynolds y sus “sobrinos” en casi toda la película, Reynolds y Watson fregando los platos, Dafoe y Roberts en el coche, de nuevo Reynolds de noche en el jardín...) y son esos los momentos que dan vida a una historia que visita con demasiada frecuencia lugares comunes. Porque, sin estropear la película a nadie, el principio y el giro argumental que dan sentido a la película son simplemente abusivos, excesivos. Hay diez millones de maneras de hacerlos de forma más coherente y menos salvaje que como acaban resueltos en pantalla. Y el viaje continuo al pasado, aunque no cansa porque suele ser breve, no termina de cuajar porque deja demasiados cabos sueltos (la historia de despertar sexual del protagonista se insinúa, pero nunca termina de explotarse a fondo, pese a que tiene algunos de los mejores momentos de la cinta de la mano de Hayden Panettiere), como si muchas escenas se hubiesen quedado en la sala de montaje. Lo cual hace que la película tenga una duración final de unos ajustadísimos noventa minutos, pero acabas echando en falta algo más de enjundia en las historias secundarias.19081662
El director y guionista es un perfecto desconocido, Dennis Lee, que peca de no destacar nunca demasiado, aunque el cambio entre la fotografía en el pasado y el presente sea de agradecer como detalle visual, pero acaba sabiendo a poco. Ni siquiera la excelente banda sonora de Javier Navarrete hace despegar al conjunto que, aún así, goza de excelentes momentos (como el accidente de coche desde dentro del mismo, sobrecogedor). Pero al final queda algo gris, como el guión, que no termina de exprimir todas las posibilidades que la historia plantea y acaba edulcorándolo todo de forma excesiva, como si el espectador no fuese capaz de encajar una historia excesivamente fuerte y necesitase de píldoras que le ayuden a tragárselo todo y pasar el día. Eso sí, dentro de la historia que desea contar, todo ello acaba funcionando la mayoría de las veces. Funcionando, que no destacando.

Porque Luciérnagas en el Jardín no es una obra maestra, aunque a veces intente enseñarnos un par de verdades sobre la vida, un pecado que se olvida pronto durante la proyección. Y ni mucho menos es una mala película. Es un drama correcto, firmemente apoyado en su reparto y con un guión coherente. Y con un reparto por el que merece la pena pagar la entrada, aunque no nos interese demasiado la historia que nos van a contar. Una película que merecía mejor suerte en USA y que en nuestro país también parece que va a ser olvidada entre dramas románticos para adolescentes de diseño. Algo que para mucha gente es sinónimo de garantía. Que la disfruten.

Modificado por última vez en Lunes, 05 Abril 2010 01:45