El plan B *

Jesús Usero Mayo 10, 2010

Algo le sucede a la comedia romántica americana de un tiempo a esta parte, que no es capaz ni por asomo de presentar propuestas mínimamente interesantes o inteligentes para el gran público, centrándose casi todo lo que nos llega en historias mil veces vistas y contadas, sin un ápice de originalidad, y con la sensación de que ni siquiera lo han intentado mínimamente desde el departamento creativo de la misma. El Plan B no es ninguna excepción a la regla.

Sí es cierto que hemos tenido alguna que otra sorpresa muy interesante, como la excelente 500 Días (de Verano), o propuestas más gamberras, quizá incluso destinadas al público masculino, como la divertida Ni en Sueños, que aún tenemos pendiente de estreno en España. Pero la norma general en este género es no arriesgar. Hacer una película para todos los públicos que sea capaz de interesar o atraer al mayor número de espectadores (de ahí la ausencia de palabras malsonantes y escenas de sexo o desnudos), pero acaban convirtiéndose en una trampa, pues el público, que no es tonto, poco a poco deja de interesarse por la comedia romántica.

De hecho, la fórmula es tan clara y tan obvia desde el primer minuto, que podemos adelantarnos perfectamente al devenir de la película, paso por paso, pieza por pieza. A veces parece incluso que no tienen guión, sino que se mete una suerte de ideas en un ordenador y sale una historia más o menos hilvanada y unos diálogos más o menos coherentes. No se trata de que el final sea o no previsible (es una comedia romántica, por supuesto que el final es y previsible). Son los puntos intermedios, el camino, lo que pueden convertir una película de esta índole en refrescante y original.

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Pero son batallas perdidas, o al menos lo parecen. Normalmente, cuando uno llega a una película como El Plan B, lo único que espera ya es que sea mínimamente entretenida, que obtengamos alguna que otra carcajada y que exista química entre sus protagonistas. Me temo que la película no lo consigue en ninguna de las tres.

Y lo curioso es que cuenta con un director, Alan Poul, al que le podemos echar en cara muchas cosas, pero que venía de rodar episodios para series tan brillantes como A Dos Metros Bajo Tierra o Roma, y productor de películas como Candyman o Black Rain. Y su guionista, Kate Angelo, viene de series como Will y Grace, que nos arrancó más de una carcajada en su momento. Pero ambos parecen desaparecidos en esta película. La ciudad de Nueva York, por ejemplo, aparece desaprovechada al máximo, y muchas veces uno tiene la impresión de que la película la han rodado en Toronto o algún sucedáneo de la Gran Manzana.

Tampoco era demasiado complicado dejarse llevar por un grupo de actores, muchos de ellos rostros populares, que podían haber sacado las castañas del fuego en una u otra circunstancia, ya que la mayoría de ellos tiene un talento enorme para la comedia. Tom Bosley, Anthony Anderson, Eric Christian Olsen, Danneel Harris, Linda Lavin o Melissa McCarthy, son gente con tablas y experiencia en el mundo de la comedia, gente de fiar, divertida muchas veces. Pero necesitan un guión en el que apoyarse. No todo puede ser improvisar.

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Y la pareja protagonista carece de química. No sé si será cosa de la diferencia de edad, del tiempo que hace que Jennifer López no trabaja en cine, de la ausencia de escenas que definan correctamente a los personajes y, sobre todo, cómo y por qué se enamoran... La trama principal se acaba a media película para ser reemplazada por otra trama que se pretende adulta pero divertida, y en la que uno llega a plantearse por qué el personaje de Alex O'Loughlin sigue al lado de Jennifer López. No hay magia, todo parece y resulta forzado. Algo del estilo “en la página 20 de guión pone que estáis enamorados”... Eso sí, O'Loughlin el sólo levanta la función en más de una ocasión, demostrando ser un actor versatil y divertido, no muy dado al exceso, algo que siempre se agradece.

Es algo extraño, pero incluso siendo escrita por una mujer, las películas de Hollywood saben como ser siempre algo machistas (El carácter intransigente y algo neurótico de ella, su cambio radical cuando se desarrolla el embarazo, los motivos de tensiones...), Parece casi como si el mensaje fuese “cuidado, cuando una mujer se queda embarazada se convierte en un monstruo”, lo cual, a estas alturas de la historia, me parece un poco lamentable.

Y la diversión... Qué queréis que os diga. La mayoría de chistes son bastante repetitivos y vistos una y mil veces antes, por no decir que se alargan sobremanera (ver a la protagonista comer como un cerdo o vomitar puede resultar gracioso un número de veces máximo). No hay ningún momento realmente hilarante, ni algo que nos haga reír a carcajadas sin que sean algo forzadas. Continuamente uno se plantea en qué película ha visto ese mismo chiste repetido. Y tampoco le sienta bien el mal gusto (supuesto gamberrismo, pero muy light) de los chistes. Ese caca-culo-pedo-pis, que envuelve muchos de los supuestos gags puede llegar a ser incluso desagradable (y si no me creen observen con detalle la escena del parto en la piscina hinchable...).

En definitiva, no hay muchas razones para ver la película. No es que sea del todo lamentable, aunque por momentos lo parezca. Es que es anodina y cansina, como muchas comedias románticas, pero carece de magia o ternura, de momentos realmente memorables o divertidos que nos hagan olvidar los defectos de la película. El tópico se adueña de la pantalla y la falta de una pareja protagonista que nos interese también. Y así no se puede. Aunque los fans de Jennifer López seguro que se alegran de tan pobre regreso, porque hacía muchos años que la actriz estaba desaparecida y vuelve tan guapa como siempre, con unos espléndidos 41 años. Quizá otro motivo para ver la película...

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Modificado por última vez en Lunes, 10 Mayo 2010 18:05