Crítica de la película Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald

Paso atrás en la sagaAnimales fantásticos, que cumple pero ofrece demasiado relleno. Sean o no fans de la saga Harry Potter, seguro que saben que este fin de semana se estrenaba en todo el mundo Animales Fantásticos 2, la secuela del spin off precuela de la saga original. Y que nos ha ofrecido una película que parece a medio hacer, a caballo entre una épica aventura mágica y una telenovela de saldo. No, no pretendo ofender cuando digo estas palabras. Pero quien haya visto la película no me negará que hay un par de momentos en los que seguir los árboles genealógicos de los personajes (casi todos) es más complicado que adivinar el número de la lotería de esta semana…

La película nos traslada en esta ocasión a una historia a caballo entre Londres, París y Hogwarts, donde Grindelwald ha dado la cara finalmente (excelente un Johnny Depp sin histrionismos, que da miedo por la seriedad con la que interpreta al villano) y sus adeptos empiezan a crecer en número, convirtiéndole en una gran amenaza para magos y muggles, muchos dirían que incluso mayor que la de aquel que no debe ser nombrado. Newt Scamander (Eddie Redmayne) tiene que viajar a París para evitar que Credence (Ezra Miller) caiga en las manos del villano, tras petición del mismísimo Albus Dumbledore (Jude Law) y con la intención también de encontrar a Tina (Katherine Waterston), lo que dará inicio a una nueva aventura inesperada para todos…

Hay elementos muy interesantes en esta secuela. Sigue siendo mucho más oscura que las películas de Harry Potter (esa familia en París…), sigue estando destinada a un público más adulto porque sabe que sus fans han crecido para convertirse en adultos, visualmente tiene momentos sensacionales porque David Yates sabe muy bien lo que se hace, y el guión de Rowling ofrece ideas muy interesantes sobre el racismo, el miedo, los muros que levantamos… y lo hace sin convertir al villano en un loco que grita letanías de odio… No, es un tipo cabal que sabe cómo engañar, con un mensaje de libertad, esperanza, comprensión… La película, nuevamente, habla de temas muy, muy actuales, del auge del fanatismo en nuestro mundo, de esos líderes “iluminados” de mensaje seductor y terriblemente peligroso que tanto éxito tienen.

Pero al mismo tiempo naufraga su guión porque, definitivamente, no sabe qué hacer con los personajes que presentó en la primera película. Newt y la mayoría de sus acompañantes (a excepción de Queenie) parecen puestos por el ayuntamiento. No se trata de que sean héroes por accidente, es que son héroes porque lo exige el guión, limitando así la magia y química que vimos en la primera entrega. Son marionetas del guión, aparecen y desaparecen a veces sin ton ni son, haciendo que el ritmo se resienta y que nos quedemos con una sensación agridulce. La de un buen entretenimiento, pero que da un paso atrás en lo que ofrecía la película anterior. Una película quizá lastrada por el hecho de ser la segunda de cinco, y no de tres como se tenía planeado inicialmente…

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Jueves, 22 Noviembre 2018 09:21
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Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión

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