Crítica de la película Cadáver

Reiteración de lugares comunes en un terror que no descubre nada nuevo.

Quizá el argumento de este largometraje funcione mejor en clave literaria, como cuento corto de terror, pero para impresionar desde la pantalla le faltan mimbres. Y le falta más personalidad para encontrar su propio camino en la propuesta. Vive de los lugares comunes del género. Cultiva el tópico. Se arriesga poco o nada. Y además equivoca algunos procedimientos clave de la propuesta. Me refiero, y no es spoiler, a la manera en que procede el “monstruo” o “amenaza”, en definitiva, el “agente del caos” a la hora de atacar a sus víctimas. Estamos ante una forma que demasiado pronto pierde su capacidad para intimidar y se convierte en una prima lejana de la Criatura Gollum de El señor de los anillos y el Hobbit. Y así, miedo poco o nada. La suya es además una forma de matar que tal como se presenta visualmente remite más a superpoder mutante que a la inquietud paranormal. Procedimiento de película de supervillanos aplicado al terror se traduce en distanciamiento del espectador. Número equivocado. Y lo tenían relativamente fácil para haber sacado algo más inquietante o por lo menos perturbador. Pero sistemáticamente a la horas de elegir entre intriga y tensión creciente en la puesta en escena optan por tirar de pirotecnia visual y abrazar la acción. Así pierden al espectador-socio que fabrique su propia inquietud viendo la película para tener un espectador-pasivo que simplemente asiste a la función y no llega a llevarse tampoco muchos sustos. La incapacidad para provocar sobresaltos con este tipo de argumento es notable y deja en evidencia las limitaciones de la película incluso en su propio campo de juego.

Para dejar el asunto más claro: todo lo que puede proponer esta película, y no propone, estaba ya en una producción más interesante, La autopsia de Jane Doe, de 2016, muy superior. Ésta otra está más en la línea de Los que no descansan, de 2006 o Autopsia, de 2008.

Personajes escasamente desarrollados, prácticamente cogidos del tendedero de la trama con las pinzas del tópico -protagonista con reto que superar y buscando la redención y tal-, cruzados con una trama que empieza siendo una especie de versión de fuegos artificiales visuales de El exorcista, pero no llega a incomodar o inquietar en momento alguno, y muchas prisas para rematar un argumento que en realidad solo tiene materia prima narrativa para ser un cortometraje. Y recursos visuales limitados, planos que tiran por el camino de la imitación, ojo, no confundir con guiño u homenaje, pillados al vuelo de El resplandor (el guardia tontorrón delante de las cámaras de los cadáveres en plan Jack Nicholson frente a la puerta), asociados a un procedimiento de guión demasiado obvio, pura fórmula: el jefe que le explica las normas que no debe incumplir y le pregunta cien veces si va a ser capaz de resistir el reto de la morgue por la noche, el secador del aire y las luces que se activan como “chivatos” de la amenaza, etcétera. Raramente nos sorprenden precisamente por su obviedad.

Resumiendo: floja.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 30 Noviembre 2018 09:20
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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