Salvando las distancias **

Jesús Usero Septiembre 12, 2010

Otra semana más y una nueva comedia romántica que entra en cartelera para solaz de sus seguidores. O no. Porque la verdad es que, sin ser nada del otro mundo ni ser un prodigio de originalidad en su desarrollo, la verdad es que hay un mundo de diferencia entre una comedia romántica al uso como, por ejemplo, El plan B, llena de clichés y edulcorada hasta la náusea, y Salvando las Distancias, cargada de palabras malsonantes, mujeres sexualmente activas, personajes bastante descerebrados y gamberrismo de andar por casa. Un mundo, vaya.

 

Repetir otra vez que la comedia romántica está herida de muerte en USA, sería redundar en un dato que todos conocemos. Ni las salas se llenan como antes (hay que regresar a Lío Embarazoso para encontrar un taquillazo como es debido en el género, el resto son éxitos moderados, la que más), ni nadie excepto los más fieles seguidores parecen interesarse por escuchar la misma historia de amor servida una vez más con la misma gracia de siempre, habitualmente, ninguna.

 

Tampoco estoy diciendo que lanzarse abiertamente a una epopeya gamberra como Salvando las Distancias sea la cura de todos los males. Para empezar ha sido un fiasco en USA, lo que indica que el público tampoco está muy dispuesto a jugar con el asunto. Los pocos aficionados que quedan al género quieren seguir lo más fieles a él que se puede. Las innovaciones no les van demasiado. Los más reticentes tampoco se interesan por el producto final. No, quizá no es la solución, pero al menos es un principio.

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Porque, quitando Ni en Sueños que ni siquiera se estrenó en nuestro país, lo último que hemos visto ha sido tan blandito que asustaba. Sexo poco (no hablo de desnudos), alcohol menos, nada que pueda dañar a las mentes bienpensantes de occidente y ofenda sus sensibles personalidades. Eso es algo que ésta película hace cada pocos minutos. Eso nos lleva a dos puntos más que interesantes. Uno, la película es más creíble, porque suceden más cosas tal y como pasan en la vida real. Dos, y más importante, la experiencia de ver la película es mucho más divertida.

 

Es como si alguien hubiese decidido mezclar, de forma irregular e imperfecta, Algo para Recordar con Resacón en Las Vegas, y el resultado es una comedia previsible, algo edulcorada, reiterativa en el paso del tiempo, pero a la vez divertida, gamberra, algo salvaje y cerda. Si me permiten el comentario, casi parece una comedia romántica para chicos.

 

Hay durante todo el metraje, en primer lugar, un sanísimo intento por parte de la su directora de crear un film visualmente atractivo. No, no busca ganar premios ni arrasar entre la crítica. Sólo salirse del gueto televisivo en el que este tipo de películas se encuentran (dichoso plano medio y plano/contraplano en las conversaciones), lo cuál tampoco es cierto, porque cualquier serie de televisión del primetime está mejor rodada y tiene más inventiva visual que el 90% de las comedias románticas. Sólo los culebrones mantienen ese rancio estilo visual…

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No es el caso, ojo. Aquí la cámara se mueve continuamente siguiendo a los personajes, lo que aplica ritmo a las imágenes. Esas conversaciones a cámara partida, mostrando dos espacios diferentes, entre Nueva York y San Francisco. El intento de aprovechar las ciudades que la película habita (sobre todo Nueva York), para darle una sensación de realismo al invento. No, no son prodigios ni estamos ante una maravilla del séptimo arte. Pero cualquier espectador, aunque sea de forma inconsciente, se dará cuenta de este sano ejercicio que, en este caso sí, todas las películas del género deberían imitar.

 

Luego nos encontramos con el guión. Sabes cómo va a acabar la película. Sabes qué va a pasar a continuación. Lo ves venir a leguas. Una historia de amor en la distancia, a través de dos personajes atrapados por su trabajo y sus estudios que hacen lo que pueden por seguir juntos. El inicio apasionado, las dudas, la ruptura, el final de la historia (si alguien se sorprende es que nunca ha visto una película de estas).

 

Pero, claro, entre medias están los chistes salvajes, casi homicidas, como la escena de sexo interrumpida en la casa de la hermana, con el marido como observador involuntario y acojonado por ser descubierto y la hermana que después no es capaz de mirar la mesa como antes durante una cena. O la primera noche juntos, cuando suena la banda sonora de Top Gun y resulta que no es la película, es el compañero de piso del protagonista (un pieza de mucho cuidado) intentando “participar” de la noche de sexo de su amigo. O la caza de maduritas y los bigotes… (el momento Hitler es arrollador).

Going+The+Distance+Movie

Si a eso le sumamos un reparto medido y muy bien conjuntado tendremos un resultado final más que divertido. Justin Long y Drew Barrymore despliegan la química que tienen en la vida real de un modo sencillo y sin mucho aspaviento, aunque ella está mucho más contenida que él. Pero, de nuevo, son los secundarios los que se llevan la palma. Los amigos de Long no tienen precio (ni nadie que los comprase, la verdad), pero es que la hermana de ella (una Christina Applegate a la que nunca habría que perder de vista), tiene momentos demenciales, como cuando explica que sólo obtiene placer sexual con frotamientos… y las consecuencias…

 

Así que, la verdad, si tengo que elegir entre ver una comedia convencional y ver esta curiosa mezcla, me quedo con esta pandilla de descerebrados. Son más groseros, pero también más naturales. Quizá no los favoritos de una madre, pero si les damos una oportunidad nos harán reír. Si tan sólo tuviese algo más de corazón y menos fórmula en su trama… Sería una buena película. De momento es un rato divertido y agradable y una muestra de que algunas cosas sí pueden cambiar. Dentro de lo que cabe, es un principio.

 

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 13 Septiembre 2010 09:10