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Crítica de la película Desafío Total de Paul Verhoeven

Director: Paul Verhoeven; Intérpretes: Arnold Schwarzenegger, Sharon Stone, Michael Ironside, Rachel Ticotin, Ronny Cox, Marshall Bell, Mel Johnson Jr., Michael Champion, Roy Brocksmith, Ray Baker, Robert Picardo, Rosemary Dunsmore, Mark Carlton, Dean Norris, Lycia Naff, Debbie Lee Carrington, Robert Costanzo, Michael Laguardia, Marc Alaimo, Michael Gregory, Ken Gildin, Mickey Jones, Erika Carlsson, Ellen Gollas, Parker Whitman, Benny Corral, Erik Cord, Bob Tzudiker, Frank Kopyc, Chuck Sloan, Milt Tarver, Paula McClure, Dave Nicholson, Sasha Rhonda, Monica Steuer, Kamala Lopez, Rob Berger, Joe Unger, Peter Kent; Año de producción: 1990; Nacionalidad: EE. UU.; Guion: Ronald Shusett, Dan O’Bannon, Jon Povill, Gary Goldman; Director de fotografía: Jost Vacano; Música: Jerry Goldsmith; Color; Duración: 113minutos.

Todo aficionado al fútbol en España tiene grabada como sintonía de las tardes de los fines de semana la música que compuso para este largometraje Jerry Goldsmith y que acompaña los partidos de la Liga española, la mejor liga del mundo (mal que les pese a algunos, pocos, incrédulos), emitidos por Canal Plus. Durante años, esa sintonía de Desafío total se ha convertido para los choques futbolísticos en algo parecido a lo que fuera la sintonía de Vangelis en Blade Runner para los seguidores del programa Informe semanal, de la primera cadena de Televisión Española.

Si esta última daba forma a la noche de los sábados, la música de Desafío total da forma a las tardes y noches y fines de semana. De paso, Desafío total puso un broche de oro a la ciencia ficción de los años ochenta y en cierto modo significó un cierre de etapa significativo, toda vez que a partir de ese momento ni la carrera de Paul Verhoeven ni la de Arnold Schwarzenegger alcanzaron los niveles que habían tenido hasta ese momento en el género. Fue así una especie de punto de inflexión que cerraba una época y para muchos aficionados al cine de ciencia ficción se ha convertido en icónico emblema de una desenfadada y festiva forma de entender el cine de acción y aventuras que imperó sobre todo en la década de los ochenta. Es además significativo y tiene un punto de testimonio el hecho de que en el guion de la película estuviesen implicados Ronald Shusett y Dan O’Bannon, artífices de esa misma parcela en el título que sirvió como prólogo a la ciencia ficción de los ochenta  en el año 1979, Alien, sobre todo en su manera de concebir el género como un esfuerzo de creación de visiones del futuro en el que brillaba especialmente la equilibrada simbiosis entre los actores y sus personajes, y los decorados e interiores, auténticas obras maestras de artesanía en el diseño de producción, en una etapa previa al desembarco en la pantalla grande de los gráficos generados por ordenador que iban a cambiar la manera de concebir este tipo de trabajo para el cine y la televisión. Basta pensar en películas como Atmósfera cero, El Imperio contraataca, Terminator, Aliens: el regreso, RoboCop (también de Verhoeven) o las entregas ochenteras de la saga de Star Trek para entender a qué me refiero.

Pero para que quede aún más claro el lector puede hacer una comparativa entre Desafío total y otra película basada en la obra de Philip K. Dick como es Minority Report para percatarse del abismo que hay entre ambas en lo que se refiere al trabajo de imaginar y construir todo un mundo y una sociedad del futuro, que en la primera se llevó a cabo con los pies muy pegados al suelo, sin gráficos y animación por ordenador, en interiores y en estudio. También puede ser interesante reflexionar sobre cómo una mayor gama de posibilidades visuales aportadas por el trabajo con las computadoras, infografía, animación por captura de movimiento, 3D, etc., no han conseguido hacer que las nuevas versiones de RoboCop y Desafío total sean mejores películas que los originales. Ya puestos, le propongo al lector otro juego interesante que es comparar cómo ante la adaptación de dos obras distintas de un mismo autor de ciencia ficción, como son Blade Runner y Desafío total, ambas filmadas en estudio y con construcción de ese futuro en interiores, difieren en muchos aspectos fundamentales.

Es lógico. La visión existencialista y oscura, plenamente impregnada de la tradición y los recursos visuales del cine negro que nos propuso Ridley Scott apropiándose de las claves y obsesiones presentes en la ciencia ficción de Philip K. Dick para desarrollar sus propios estilemas como autor en Blade Runner es completamente distinta a la propuesta, más festiva y optimista, de Paul Verhoeven, en cuya filmografía encontramos previamente a Desafío total la película RoboCop, que era ya una muestra anterior plena de su propio estilo en el género de ciencia ficción y donde, como Scott, pero de manera absolutamente distinta a la de este, cruzó los géneros policíacos y de ciencia ficción añadiendo una pincelada de terror derivada de la leyenda del Golem y su “hijo” creativo, Frankenstein (que también habían dejado su huella en Blade Runner con el encuentro de Eldon Tyrell, el creador, y su creación, el replicante Roy Batty, en el momento más “Frankenstein” de toda la película), llegando a propuestas visuales, resultados y conclusiones absolutamente diferentes. Lo que Verhoeven hace en Desafío total encaja plenamente con los estilemas de Paul Verhoeven y abunda en las diferencias expresadas entre su manera de entender esta hibridación de géneros frente a la de Scott. Verhoeven celebra la ciencia ficción como una oportunidad para imaginar lo imposible y como género dominante en la mezcla de intriga, aventuras trepidantes, carreras y persecuciones de su protagonista. En ese sentido es como si estuviera trasladando al futuro la fórmula aplicada por Alfred Hitchcock en Con la muerte en los talones, de manera que en sus manos esa icónica figura del “falso culpable”, muy presente en la narrativa de Dick, se convierte en un recurso para un viaje eminentemente exterior destinado esencialmente a generar suspense. Por el contrario, para Ridley Scott, la ciencia ficción es solo una especie de andamio en el que elabora el viaje interior de sus personajes perdidos en un laberinto del futuro, con Rick Deckard atrapado en el nihilismo, y Roy Batty y sus compañeros replicantes atrapados en el existencialismo.

Desde ese punto de vista, y aplicando las teorías de argumentos universales, podríamos decir que Douglas Quaid, el personaje interpretado por Arnold Schwarzenegger en Desafío total, es una especie de Jasón sin argonautas entregado a la aventurera y en muchos aspectos juvenil búsqueda de un tesoro que no es el legendario Vellocino de Oro de la Cólquida, sino la verdad sobre su auténtica identidad y su papel en la rebelión de Marte contra el despotismo de la Tierra, en tanto que el replicante Roy Batty es una variante de Ulises, agotado veterano que en su madurez afronta el intento de regreso al hogar, su última aventura, buscando el camino de vuelta a Ítaca desde los desorientados escombros de sí mismo en que le han convertido sus equivalentes de la guerra de Troya (“yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión…”), y perdiendo a sus compañeros de viaje por el camino, hasta quedar solo no frente a su Penélope, sino frente a su creador, para hacerle las mismas preguntas que todos querríamos hacerle a Dios

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Sábado, 02 Febrero 2019 14:37
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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