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Crítica de la película Feedback

Pedro C. Alonso hace gala en su ópera prima de un admirable manejo del suspense, la tensión y el ritmo mientras le toma el pulso a la realidad social.

Hora y media agarrados a la butaca y con los nervios a flor de piel. Ese era el objetivo marcado por el debutante Pedro C. Alonso en Feedback y, vistos los resultados, se puede dar por satisfecho el experimentado realizador publicitario. Producida al alimón por Vaca Films y Ombra Films (Jaume Collet-Serra), su condición de cine de género, que funciona como vehículo perfecto para jugar con los mecanismos del suspense y del entretenimiento, se presupone, por lo que puestos a buscar referentes y fuentes de inspiración rápidamente podemos identificarla como un cruce entre la tensión a contrarreloj en espacios reducidos de El desconocido, la visceralidad y violencia de Secuestrados y la puesta en escena y crítica social de Money Monster. Al igual que en la película de Jodie Foster, Jarvis Dolan (Eddie Marsan) es el presentador y la carismática estrella de un programa de éxito, en este caso radiofónico, que en pleno directo se ve sorprendido por la aparición de unos secuestradores que le obligan a continuar con el programa y transmitir a la audiencia su mensaje. Ahí terminan cualquier tipo de similitudes, pues la película de Alonso no solo es mucho más directa y sádica, sino que aprovecha el punto de partida argumental con la crítica hacia el Brexit para dar un inesperado giro hacia temas más truculentos como la violencia de género o los abusos sexuales, que terminan afectando de una manera u otra al protagonista y a Andrew (Paul Anderson), su expresivo compañero en las ondas.

Ambos son los pilares centrales de la historia, demostrando una vez más la capacidad del guionista Alberto Marini para construir personajes multidimensionales y complejos que se mueven continuamente en la ambigüedad moral y cargan con el peso de un pasado turbio que les atormenta. Era el caso de los protagonistas de El desconocido y Mientras duermes y, en esta ocasión, logra mostrar mejor ese descenso a los infiernos a través de su egoísmo, sus dotes para la mentira y, especialmente, mediante detalles como el martillo y su importancia en la resolución de Andrew y en el cierre del arco evolutivo de Jarvis en el clímax. Los finales eran uno de los talones de Aquiles de Marini, pero en esta ocasión lo solventa con nota con un último plano escalofriante, más por lo que insinúa que por lo que muestra, siendo fiel una vez más al fuera de campo, que es inteligentemente utilizado a lo largo de la película para hacer la violencia más digerible. Entre tanta adrenalina y buen hacer uno solo echa en falta que se hubieran evitado algunos lugares comunes, que los atracadores tuvieran más carisma y personalidad y que los papeles femeninos de Ivana Baquero y  Alana Boden no naufragaran en el tópico.

Pedro C. Alonso no tiene el dominio de la técnica de Dani De La Torre ni la retorcida inventiva de Miguel Ángel Vivas, pero es un prometedor debut y una opción perfecta para que los amantes de las emociones fuertes pasen un buen mal rato.

Alejandro Gómez

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Viernes, 01 Marzo 2019 18:18
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