John Wick 3: Parabellum ★★★★★

Crítica de la película John Wick 3: Parabellum

La mejor película de acción y combates de artes marciales del año. Quiero más..

Quiero más películas de John Wick. Y las quiero pronto.

¿Por qué? Pues porque en este largometraje como en la película anterior de la saga los responsables de la misma han conseguido algo que no es nada fácil:  construir una trama volcada totalmente a la espectacularidad de la acción de los combates cuerpo a cuerpo sin renunciar a construir su propio universo, con su propia mitología, y con un guión que empleando muy pocas líneas de diálogo trabaja con solidez personajes y conflictos ganándose la complicidad del espectador desde el primer fotograma.

Además el tratamiento visual de la película, su juego con la luz y los colores, la estética, la puesta en escena, el diseño de producción y el rodaje de las secuencias de acción, que nunca, pero nunca de nunca, se repiten en esta entrega, a pesar de que constituyen el 90 por ciento del metraje, un logro notorio, constituye un ejemplo perfecto de cine de evasión pura y dura que no le falta el respeto al espectador y proporciona espectáculo de calidad.

Sabemos ya el tipo de producto que nos propone la saga de John Wick. Y todo lo que podíamos esperar a tenor de las dos películas anteriores, aquí nos lo dan multiplicado por tres. Lejos de agotarse, la saga sigue reinventándose a sí misma en cada nueva entrega.

Dentro de la propia película los combates no se repiten. Siempre sorprenden. Siempre cuentan con un momento de guiño al espectador que juega la baza de la autoparodia, por ejemplo: caballo como sinónimo de arma letal. Siempre saben cómo decirle al público que son conscientes de su exageración y se ganan el respaldo del respetable a base de hablarnos de tú a tú, directamente, sin falsos adornos. Ejemplo: esas vitrinas de cristal que desde el primer momento en que salen en plano están pidiendo a gritos que las reviente alguno de los personajes llamados a combatir entre ellas, provocando las risas cómplices del personal por el mismo efecto reiterativo que en el caso del caballo.

Pero además en el conjunto de la trilogía que hasta ahora conocemos cada película también se niega a repetirse frente a sus prededesoras. Si de algo puede uno estar seguro ante una entrega de John Wick, como confirma plenamente este Capítulo 3, que lejos de lo que anticiparan algunas declaraciones no es en absoluto un desenlace de la saga, sino un notable punto y a parte que promete mucha más caña en próximas entregas, o al menos así lo espera quien esto escribe, es que van a seguir sorprendiéndonos. Cada película es distinta. Incluso tiene un tema propio diferenciado de las otras dos. En este caso estamos asistiendo al comienzo de una revolución contra el sistema establecido en el submundo de los asesinos que va a propiciar nuevas alianzas entre algunas de las figuras principales de la saga. Si la primera fue la venganza y la segunda la traición, asistimos aquí a un relato de supervivencia que al mismo tiempo progresa en el camino de revelación de nuevos aspectos y personajes del mundo paralelo de los asesinos a sueldo que tan bien han sabido ir contruyendo y enriqueciendo en estas tres primeras entregas. Buen ejemplo de ello sería el personaje de Sofía interpretado por Halle Berry, que bien merece su propia película y además está dotado de una apabullante coreografía de combate, planificación y puesta en escena que saca un partido nunca visto antes a la interactuación con perros. Absolutamente trepidante. Sofía pide paso y película propia, que seguro iba a ser más interesante que aquella otra copia o emuladora de la saga de John Wick con protagonista femenina que intentó ser Atómica, protagonizada por Charlize Theron.

Otro personaje interesante es el de Angelica Huston, que tiene detrás toda una historia, además de un homenaje cinéfilo a Tarkovski psicotrópicamente cruzado con Suspiria de Dario Argento. La saga tiene ese talento especial para practicar la hibridación de referentes y antecedentes mitológicos, cinematográficos y de cultura popular: Baba Yaga; Operación Dragón y los espejos cambiados aquí por superficies acristaladas que constituyen un curioso ring para proseguir con el juego de colores de las entregas anteriores centrándose en la idea de transparencia que es todo un reto para los responsables de la fotografía de la película; James Bond, sus gadgets y su icónico antagonista, Tiburón; las películas de ninjas…  Y sin que eso se convierta en el epicentro de su propuesta, sino más bien en otro rasgo de identidad de la misma desde su adhesión a la cultura del pulp y el cultivo de una variante psicodélica que como ya destaqué en alguna de las críticas de las entregas anteriores encuentra un antecedente esencial y cercano en la película A quemarropa (John Boorman, 1967).

Para completar la jugada en esta tercera entrega se confirma no solo que cada película tiene su propia personalidad dentro del conjunto, sino que además en todas y cada una de ellas, y especialmente en esta tercera, los personajes siguen progresando en su arco de desarrollo como si acabáramos de conocerlos. No se estancan. El caso de Winston y el conserje del hotel es bastante significativo en se sentido, pero más aún el personaje de rey del Bowery intepretado por Laurence Fishburne. Cada vez tiene más que contar y ofrecer en una construcción de la trama que es muy astuta administrando lo que nos muestra y lo que no, lo que ofrece y lo que se guarda.

Hay mucho camino por recorrer todavía con John Wick. Y esa es una buena noticia para los aficionados al cine de acción.

A Keanu Reves le queda cuerda para rato como imbatible héroe de acción que con presupuestos relativamente más modestos, le está sobando el morro a tortas a todos los astros del género respaldados por presupuestos más amplios en clave de superproducción, demostrando que en lo que se refiere a película de acción, y como le ocurre a otro grande del reparto de tollinas, Iko Uwais, el mejor efecto especial es él mismo.

Miguel Juan Payán

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Viernes, 31 Mayo 2019 13:28
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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