Alcanzando tu sueño ★★★

Crítica de la película Alcanzando tu sueño

Pura fórmula pero manejada con solvencia para ser un entretenimiento eficaz.

Es competente, aunque no haya nada renovador o arriesgado en este largometraje que sigue escrupulosamente, paso por paso, la fórmula de la pelea por el éxito. Si lo haces en el ambiente de boxeo, te sale Creed. Pero si lo haces en el ambiente de los concursos te sale Alcanzando tu sueño. Los elementos vienen a ser los mismos: reto, aspirante joven al éxito procedente de una vida difícil, mentor en horas bajas reinsertándose en el mundillo en cuestión, etcétera. La diferencia para mejor o para peor está en cómo se manejan esos elementos en la narración. Y la verdad es que con el tema de los concursos de cantantes que proliferan para mi gusto en exceso en las cadenas de televisión en todo el mundo, todo indicaba que la película podría ser un melodrama tontorrón mucho menos eficaz y sólido de lo que realmente es. Max Minghella, actor que debuta aquí en la dirección y también se ha ocupado del guión, se las ingenia para pasar de puntillas y sin caer en la trampa de los subrayados innecesarios por todos los lugares comunes obligados en este subgénero.

Da en el blanco dejando el concurso propiamente dicho tan en segundo término como puede para poner en el centro de su historia la relación que se forja entre la aspirante a estrella musical y el mentor que elige a la fuerza como representante. Ella, una joven polaca. Él un antiguo divo de la ópera venido muy a menos, en horas más que bajas, sumido en el caos y el alcoholismo, pero atento a subirse al último tren que va a pasar por su vida para poder reciclarse y, como el propio personaje afirma en uno de sus diálogos, ser útil.

Minghella pone a funcionar la química entre Elle Fanning y Zlatko Buric y tiene ya la mitad del trabajo hecho para que su película destaque en positivo en el género que ha elegido para desarrollarla. Pero no todo es mérito de los actores, que lo tienen, sin duda, pero además están bien respaldados por un guión y una dirección que tiene muy claro cómo abordar esta historia que es pura fórmula, y dejar algunas huellas de personalidad propia en la misma.

Primer acierto: control estricto del tiempo y perfecto engranaje del relato con un ritmo que va directamente a lo que interesa sin pretender ser lo que no es o dárselas de reflexión intelectual. Minghella da una pista de la fórmula que sigue en la banda sonora de la propia película introduciendo una versión del tema principal de Flashdance. Elegante y sutil declaración de principios y de que no se engaña en cuanto a la naturaleza de la materia prima con la que trabaja. Eso sí, es mejor que Flashdance, más madura dramáticamente. Y por su tema formaría buena pareja con Idol, dirigida por Hany Abu-Assad en 2015.

De manera que sí, es pura fórmula, pero está muy bien resuelta.

Y la película dura hora y media justa. Metraje exacto. La trama no da para más, y Minghella lo sabe. El espectador agradece ese saber estar y aceptar el subgénero y el tipo de relato que propone por parte del director y guionista.

Segundo acierto: manejo serio de los aspectos del drama para no incidir en el melodrama facilón. La relación madre e hija, la de la hija con el manager, la situación de la protagonista en la escuela y el trabajo, su sensación de vivir en un callejón sin salida, el tema del caballo, los compañeros, están trazados con pinceladas rápidas, visualmente sólidas, haciendo dominar el primer plano sobre el rostro de Elle Fanning como clave de todo el planteamiento visual. Eficacia. El trabajo de fotografía en el interior de la casa de la protagonista define la relación madre-hija mejor que cualquier diálogo. Los diálogos están cuidadosamente dosificados por otra parte. Lo visual se impone. Por ejemplo con esa luz en los interiores que define las limitaciones e insatisfacciones en la vida de la protagonista. Minghella trata con pulso firme los tópicos y los convierte en aliados de su propuesta, no en antagonistas.

Otro ejemplo: esa toma en el pasillo, camino de la actuación final, creando una intriga sin forzar personajes ni situaciones.

Minghella resuelve siempre en corto, con poco toque, pero dejando claro que sabe lo que hace.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Jueves, 01 Agosto 2019 16:56
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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