Megamind ****

Miguel Juan Payán Diciembre 03, 2010

Años después del estreno de Los increíbles de Pixar, la principal competidora de la compañía que creó Toy Story, Dreamworks, lanza con previsible éxito su propia versión del mundo de los superhéroes: Megamind. Son esos años y la actual invasión en la cartelera del cine de personajes con superpoderes lo que puede darle a este largometraje el éxito de taquilla que necesita para ponerse a la altura de sus logros que le negó el resbalón de dos  de sus anteriores apuestas animadas, Monstruos contra alienígenas y la cuarta entrega de la agotada franquicia de Shrek, aunque justo es reconocer que con Cómo entrenar a tu dragón recuperó merecidamente la confianza del público y la crítica. Después de ver Megamind podemos afirmar que Dreamworks mantiene esa tónica de calidad y evolución marcada por la peripecia de los dragones, que de alguna manera, y a la vista de este nuevo estreno, parece haber marcado un antes y un después en la trayectoria comercial y creativa de la compañía.  Y vuelve con fuerzas y recursos para mantenerse como una de las principales referencias en el mundo de los dibujos animados.

Trailer

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El enredo argumental que plantea Megamind mejora el tipo de propuestas narrativamente algo simplonas a que nos tenía acostumbrados el estudio, y es totalmente independiente de lo que ya nos sugiriera Los increíbles, que hoy están representados mejor en la serie de televisión No Ordinary Family, sobre la que he publicado un artículo en las páginas del último número de la revista Acción.

Los creadores de Megamind han sido suficientemente astutos como para esquivar aquella fábula de Pixar a pesar de jugar en el mismo territorio genérico, y frente a la humanización del personaje superheróico, ahogado por la cotidianeidad e intentando redimirse para recuperar su verdadera naturaleza mesiánica que nos propusiera aquella, mantiene a sus personajes metidos en todo momento en el mundo de los superpoderes, pero se plantea algo igualmente interesante, o quizá incluso más: una reflexión sobre el concepto del villano, sus motivaciones, para qué nos sirve, por qué está en la narrativa de ficción como elemento central e imprescindible, por qué a la larga es el verdadero motor de los acontecimientos que se producen en la fábula, y qué ocurre cuando, en esa falsa función de complemento, el mal se queda solo, sin héroe con el que interactuar, y el tipo de transformaciones que se producen en el personaje del villano cuando tal cosa ocurre y se rompe el equilibrio natural en las fábulas de ficción, que tradicionalmente ya sabemos giran en torno a la lucha del bien contra el mal, pero en las que, después de ver esta película, en muchos aspectos sabiamente irreverente con las tradiciones de la ficción más convencional y plana, tenemos ya más claro que el verdadero motor es el mal.

Megamind conoce a Roxanne

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Tomando como evidente punto de referencia las aventuras del incombustible Supermán, del que Metroman es un émulo convincente e hilarante, siguiendo la pauta de sátira que rezuma todo este largometraje, Megamind hace además algunos requiebros interesantes de justificación del villano que en buena medida parecen un catálogo de la alienación como forma de vida, y de las formas más extremas para sobrevivir a la misma. En un mundo como el nuestro, en el cual todo el mundo está “conectado” a través de las redes sociales y, al menos en apariencia (aunque  no tanto en la realidad), el personal tiene más difícil sentirse marginado del resto del rebaño (aunque habría mucho que hablar de todo ello, éste no es el lugar más apropiado), llama la atención cómo la película abunda en el tema esencial de la soledad, de no sentirse aceptado, que es lo que lleva al verdadero protagonista de la historia, el villano que da título a la película, a convertirse en un genio del mal con un notable sentido de la autoparodia que acaba metiéndose en el bolsillo al espectador sin dificultad, porque dice aquello que no es “políticamente correcto” decir, y manifiesta con sus palabras y con sus obras lo que muchos nos atrevemos a pensar, pero no tantos tienen las agallas de aceptar y difundir: el mal no se cría solo, recibe ayuda abundante del entorno.

Repleta de guiños en los que la parte del león se la lleva el Supermán de la editorial DC pero donde también hay sitio para el emblemático líder del desembarco de los superhéroes de la Marvel en la pantalla grande, Iron Man, Megamind es un retrato no sólo de la narrativa de superhéroes sino que a través de la misma y de su papel como espejo deformante de la realidad en la que vivimos y reconstrucción modernizada de los panteones paganos más socorridos (Grecia, Roma, la mitología nórdica, etcétera), nos habla de nuestra propia sociedad sin pasarse de la raya en el discursito buenrrollista que suelen tener este tipo de producciones de dibujos animados y que tanto nos toca las narices a algunos.

Por cierto, Will Ferrell no suele hacerme gracia, pero aquí me he reído. Debe ser por el dibujo... Pero con lo que realmente me he puesto al borde de la carcajada es con el sicario pez, cuya eficacia humorística está a la altura del Igor de Marty Feldman en El jovencito Frankenstein.

Miguel Juan Payán

Megamind conoce a Minion

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Megamind conoce a Hal

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Megamind conoce a Megamind

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Modificado por última vez en Viernes, 03 Diciembre 2010 15:16