No controles **

Jesús Usero Enero 09, 2011

Borja Cobeaga parece haberse erigido en líder de la nueva comedia española, un baluarte para los aficionados al humor ácido y algo surrealista, deudor de programas como Muchachada Nui, del que hereda muchas veces no pocos actores, pero que no termina de perder sus raíces más conocidas de la comedia española, enclavadas en el costumbrismo y la estupidez de unos personajes que, a veces, parecen dignos de una película de Berlanga. Caricaturescos, pasados de rosca, surrealistas como decíamos antes, bobos o demasiado listos, pero con un fondo tierno, único, verdaderamente reconocible y amable. Así sea en la mayor de las desgracias.

Cobeaga saltó verdaderamente a la fama cuando su primera película, la muy bien recibida Pagafantas, consiguió un buen resultado en la taquilla. Y no sólo eso, sino que además dejó un buen sabor de boca entre el público. Podríamos decir que Pagafantas era la versión inteligente de Fuga de Cerebros, que tenía un humor más chusco y de andar por casa, pero a la vez consiguió mejores resultados de taquilla, y, para qué negarlo, al público en general le gustó más.

Algo debe tener el director con las relaciones sentimentales, porque aquí con No Controles vuelve a la carga con un relato romántico, tierno y sentimental cargado de humor, pero de un humor más cercano a nosotros y nuestra cultura que el que pueda mostrarnos cualquiera de los productos de similar catadura que nos llegan de cualquier otro país, principalmente Estados Unidos. Cobeaga, siempre del lado del perdedor, del que no sabe qué demonios está haciendo para conquistar a una chica (aquí para recuperarla) nos presenta un relato simpático y agradable de ver, con momentos ciertamente hilarantes, pero que dista mucho de la frescura y acidez de su primera película.

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Aunque, eso sí, aquí el director y guionista muestra algo más de cariño y respeto por su personaje protagonista, una manera de dignificarlo hasta en las situaciones más puñeteras, algo que en Pagafantas nunca existía. Y es que allí parecía que quedaban cuentas pendientes con ese tipo de personajes que en realidad existen con bastante regularidad (quién no conoce a uno y quién no lo ha sido alguna vez), una especie de sadismo que humillaba continua y salvajemente al protagonista hasta convertirlo en poco más que un guiñapo.

En eso sí que siempre pensé que Fuga de Cerebros tenía mejor fondo, en que siempre tenía un momento para que el personaje central recuperase algo de dignidad, una mirada amable, un gesto de cariño por parte del guión. Y en No Controles parece ser que ya no hay tantas ganas de venganza ni de revancha. Como si aquél personaje fuese lo que odiamos ser y hubiese que erradicarlo, y este uno puede sentirse orgulloso de serlo…

Claro que luego la película tiene dos pecados mayores que le restan méritos y la convierten en una comedia romántica más, al uso, convencional como tantas y tantas otras. El primero de ellos, quizá el más grave, es que no es tan divertida como se cree que es. La mayoría de veces no alcanza a hacernos reír a carcajadas como se supone que debería, y sólo obtenemos sonrisas en el mejor de los casos. No es que la película no sea entretenida, es que no consigue hacernos reír como debería o como se supone que iba a hacernos reír.

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El otro problema reside en lo previsible del relato, que tampoco tiene nada de malo si tenemos en cuenta el género al que se ciñe, el de la comedia romántica. Siempre podemos saber qué va a suceder a continuación y por dónde van los tiros, incluso desde el inicio de la película, y al final la sorpresa se reduce a saber qué nueva barrabasada va a realizar alguno de los personajes secundarios. Que las hay, y bastantes. Algunas más afortunadas que otras, pero ahí están.

Para ello tenemos a dos protagonistas lo suficientemente atractivos como para interesarnos, y con la suficiente fuerza como para creérnoslos. Unax Ugalde es uno de los mejores actores con los que contamos hoy en día entre los jóvenes valores que aparecen, y la lástima es no verle más a menudo. Su despedida de los amigos al final en el aeropuerto es un buen ejemplo de lo que digo… Incluyendo la coña con el número de teléfono. Y Alexandra Jiménez tiene ese algo que la hace capaz de robar cualquier escena con solo pestañear. Una habilidad que ya desde La Fiesta veníamos adivinando.

Entre los secundarios no podemos olvidarnos de gente como Secún de la Rosa o Miguel Ángel Muñoz (ojo a cuando le preguntan algo y quiere hacer como que no ha entendido, ahí sí que se obtienen risas). Por no mencionar a la gran Mariví Bilbao y su eterno sarcasmo. Pero claro, quien realmente se lleva de calle al público y por quien la película va a ser recordada es Julián López y su papel como Juancarlitros, personajillo que ya tiene incluso su propia página web.

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Suyos son los mejores momentos de humor, las salidas de tono y las carcajadas mayores (ojo al chupetón, y no digo más). Incluso el final de la película, con los títulos de crédito, corresponden a la gloria de este serecillo que quiere ser cómico en una de sus impagables representaciones, con una pajarita gigante y una forma de contar chistes única… Un verdadero crack Julián López y un personaje magnífico el de Juancarlitros.

A veces, eso sí, la película se le va un poco de las manos al director, sobre todo en el caos que se genera en ciertos momentos (aún no entiendo lo del mando a distancia en mitad de las uvas), pero la verdad es que hay pocas maneras de pasar una nochevieja en mejor compañía que con esta pandilla que nos trae esta comedia simpática a la que, sin embargo, pedíamos algo más. Un buen rato que podía haber sido un rato mucho mejor…

Jesús Usero

Modificado por última vez en Domingo, 09 Enero 2011 19:28