Moira ★★★

Mayo 12, 2020

Crítica de la película Moira

Daniel Lovecchio construye una película de ritmos ralentizados, para narrar el salvajismo experimentado durante la dictadura militar en Argentina.

    El miedo a sentirse perseguido, el terror que provocaban los miles de desaparecidos, la angustia de vivir en un país donde la libertad de expresión y la crítica contra el gobierno y los estamentos represores eran causas suficientes para sufrir la tortura y la muerte… Todas estas sensaciones, más un sinfín de pesadillas inenarrables, atenazaron a la mayoría de la población argentina, durante los infernales años de la dictadura del general Videla. Después del tiempo transcurrido, el cineasta y experto teatral Daniel Lovecchio ha querido acercarse a esa época pretérita, que es la suya propia; y la ha ilustrado con una película que discurre lentamente y con paciencia por dos realidades coincidentes en un mismo personaje: un hombre de tristeza permanente, llamado Germán.

      La trama arranca con Germán en España, y con una esposa y una hija que ignoran el pasado del citado protagonista. Un infarto desata los recuerdos en este refugiado procedente de Buenos Aires, y con ellos empieza a desarrollarse el relato de lo sucedido hace más de treinta años, cuando Germán era un estudiante de Psicología en su Argentina natal, asociado con movimientos de denuncia de los métodos criminales de la junta dictatorial que dominaba el país. Poco a poco, el pasado se hace especialmente visible en la existencia sosegada que Germán lleva en España, con la llegada de un supuesto hijo al que no conoce, y al que abandonó antes de nacer.

      Como si se tratara de un ejercicio de repaso autobiográfico, Daniel Lovecchio deambula por Moira con un tono marcadamente crepuscular, casi cansado y somnoliento; en el que cualquier atisbo de aceleración dramática es amortiguado por un guion pendiente de no saltarse ningún detalle trascendental para el relato. Resulta comprensible que Lovecchio haya querido hacer de este filme una obra cargada de referencias personales y sensibles; y más entendible es el hecho de que él mismo haya accedido a protagonizarlo, en la piel de Germán, de mayor. A su lado, su hija Nerea Lovecchio es la encargada de elaborar el libreto original, a la vez de dar vida a la hija de Germán: Lucía. Con estos elementos familiares y concordantes en intenciones, la película consigue alcanzar el espíritu reflexivo que impone desde el primer fotograma, sin caer nunca en la acción progresiva de otras cintas con similar naturaleza temática.

      En este sentido, las revelaciones en Moira son aceptadas con una calma que a veces puede parecer extraña y desconcertante. Esto genera que queden un tanto apagadas las desavenencias con la esposa española de Germán, y que la lucha en las trincheras ideológicas del protagonista de joven tampoco provoque la necesaria reacción en el espectador.
Semejantes coordenadas artísticas, que pueden ser válidas para la parte de Germán de mayor, se antojan poco efectivas en el Germán universitario. En este apartado, habría sido necesaria una inyección de angustia desbordada más impactante y expresiva.

      Tal desequilibrio entre los dos ejes dramáticos que componen Moira sume la película en una sensación de calma artificial, a la que le habría venido bien reflejar de manera más clara los efectos de las tormentas emocionales que atenazan a los personajes.

Jesús Martín

 

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Modificado por última vez en Martes, 12 Mayo 2020 21:10
Jesús Martín

Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación