Crítica Entre la razón y la locura ★★

Mayo 22, 2020

Crítica de la película Entre la razón y la locura

Mediocre drama de época salvado por un imperioso reparto.

    Una película liderada por Mel Gibson y Sean Penn que tristemente se quedó sin fondos antes de tiempo, al parecer, y que los productores exigieron ver terminada antes que ver completa. Eso obligó a muchas cosas, eso provocó ciertos agujeros en la historia, muchos saltos de fe y la sensación de un producto a medio cocer, a medio hacer, pese a su magistral reparto. Incluso su director y guionista, Farhad Safinia, quien no fue reconocido en los créditos, firmados con el seudónimo P.B. Shemran. Gibson y Safinia querían rodar en Oxford, pero los retrasos y el exceso presupuestario llevó a la productora a obligar a rodar en el Trinity College, le retiraron los derechos de montaje final a Safinia, también su nombre y además comenzaron una batalla legal con Gibson y su productora que se negaban a que ese fuese el producto final que se lanzaba. Ninguno hizo promoción de la película.

      Pero imagínense el destrozo dentro de la historia. No es que Safinia estuviese haciendo un trabajo memorable en la película ni como director ni, especialmente, como guionista, pero Gibson sí que estaba haciendo un trabajo enorme en la misma. La película narra la historia de James Murray, el encargado de crear el primer diccionario de Oxford de la lengua inglesa, y que fue ayudado por W.C. Minor, un doctor encerrado en un asilo mental que le dio la clave para rastrear el origen de hasta 10000 palabras. Una historia que comienza como un aparente historia criminal, pasa a ser un biopic, luego vuelve al melodrama, con tintes románticos, y se pierde en un final sin mucha garra que parece sacado del peor de los dramas históricos televisivos.

      Su problema reside en varios factores. La película cambia como hemos dicho de ritmo constantemente, y la dirección no ayuda a asentar lo que están contando. En el nudo hay un valle en el que la película nunca sabe hacia dónde se dirige. Los personajes dan tumbos en una y mil direcciones, los diálogos resultan muchas veces preocupantes y no aportan nada, mientras las charlas técnicas sobre el origen de tal o cuál término se acumulan haciendo que resulte… aburrida. Lo que comienza como un viaje a la locura de un hombre, pasa por un biopic academicista, y salta a un drama casi romántico que no tiene sentido ni hay por dónde cogerlo.

      En ese maremágnum hay momentos realmente interesantes, brillantes incluso, que demuestran lo que esta película pudo ser y nunca fue. El primer encuentro entre Murray (Gibson) y Minor (Penn) es simplemente espectacular, como lo es la entereza de un reparto liderado por esos dos nombres que incluyen, ojo, una lista tan maravillosa como Natalie Dormer, Steve Coogan, Eddie Marsan, Stephen Dillane, Jennifer Ehle o Ioan Gruffud. Que se dice pronto. Ellos hacen lo indecible por levantar la historia que acaba siendo mediocre, por hacer interesante lo que dicen y hacen, pero la sensación de producto televisivo permanece pese a su esfuerzo. Nos queda una película incompleta, a todas luces, de la que posiblemente nunca podamos ver una versión completa de lo que pretendía su director y guionista, y su productor y actor protagonista (y amigo, juntos hicieron Apocalypto), quien compró los derechos del libro en que se basa en 1999 y tardó casi 20 años en levantar el proyecto.

Jesús Usero

 

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Modificado por última vez en Viernes, 22 Mayo 2020 16:29
Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión